18 Muestra Internacional de Cine de Mujeres de Barcelona

La muestra de la rebelde

Josep Torrell

Del 10 al 20 de junio tuvo lugar la 18 Mostra de Films de Dones de Barcelona, que presentó un total de 59 películas, entre cortos (27), medios (7) y  largometrajes (24). De los largometrajes, seis eran ficciones y dieciocho eran documentales.

Seguir la muestra era una actividad difícil, porque este año las sesiones se distribuyeron por igual en dos salas, distante una de la otra (la Filmoteca de la Generalidad y Espai Francesca Bonnemaison). Una de las únicas películas que se proyectó en ambas salas fue —nada casualmente— la francesa Louise Michel, la rebel (2009) de Sólveig Anspach.

La Muestra...

Una de las secciones (titulada «Historias del feminismo») estaba dedicada a Carole Roussopoulos (1945-2009), de quien la Muestra ofrecióDébut! Une histoire du mouvement de libération des femmes, 1970-1980(1999), presente ya en su edición del año 2000, un documental que es casi el único con formato de largometraje en la filmografía de la autora, centrada casi toda ella en los medio metrajes, que favorecen el debate posterior en su proyección militante. [Casi al mismo tempo que la Muestra, ha aparecido en Suiza un DVD en homenaje a Carole Roussopoulos, que contiene seis trabajos, bajo el título de Caméra militante. Luttes de libération des années 1970, editado por MētisPresses, y que se puede encontrar en Francia en http://www.carole-roussopoulos.com]

Junto a ella, estaban Vindicación (2010) de Susana Koska, una recuperación de la revista Vindicación feminista (1976-1979), que evitaba caer en una mera rememoración de aquella experiencia, haciendo que sus redactoras se posicionen sobre el tiempo transcurrido desde entonces. Aunque el documental tiene cierto tufillo institucional, tiene la sorpresa de ser también una película feminista que se dirige a los hombres, instándoles a organizarse contra el machismo y la desigualdad.

La sección se cerró con Ragazze. La vita trema (2009) de Paola Sangiovanni, uno de los mejores documentales feministas vistos en muchos años. La película parte en busca de la memoria del movimiento feminista para contarlo a las niñas que no han podido ni tan siquiera soñarlo. Para ello, se sirve de la memoria personal de cuatro dirigentes históricas del movimiento de mujeres, cuyo rasgo común es el haber nacido en 1947 (y no sus militancias, que son diversas).

La película cuenta lo que fueron los años sesenta. La familia, la educación segregada y sumamente represiva, la violación como iniciación sexual, el descubrimiento liberador de la universidad, la lenta transformación de la ropa que empezaron a llevar, y, finalmente, el Sesenta y ocho. Cuando la oleada remitió, las mujeres descubrieron que la militancia en grupos de obediencia extremadamente ortodoxos negaba la experiencia que habían vivido. Entonces nace un movimiento que rompió con esto y cuyo primer signo es la «conquista de la soledad»: el ser capaces de verse como cuerpos pensantes. A medida que el movimiento crece, crece también «la hermandad de mujeres», y también su influencia en el terreno político. Cabe recordar que la lucha por el divorcio movilizó a cientos de miles de personas en Italia. Y cuando estaban en lo más alto del movimiento, aparecieron las Brigadas Rosas: en una manifestación feminista estallaron enfrentamientos y murió una muchacha de 19 años. Nada fue igual que antes: nadie había contemplado la posibilidad de morir. La historia de los años sesenta había terminado. Esta es la historia que tejen las feministas para contar a sus hijas.

Paola Sangiovanni utiliza las entrevistas, pero no se detiene en ellas. Hay una cuidadosa búsqueda en los archivos de imagen, en los del movimiento feminista pero también en los del movimiento obrero y en muchos archivos privados. El resultado es un mosaico en el que imágenes de archivo de las dirigentes entrevistadas (inéditas) se mezclan con imágenes del movimiento de mujeres o con imágenes de época que se diría que nada tienen que ver con ello, lo que da una consistencia impresionante a la película. Ragazze. La vita trema es un documental que no se conforma con decir, sino que trata además de ser convincente, ...seguramente pensando en las mujeres que han venido detrás. Éste es el primer largo de su directora.

La sección «Pioneras» estaba ocupada solo por la polaca Ostatni etap(La última etapa, 1948) de Wanda Jakubowska, superviviente del campo de mujeres de Birkenau, adjunto a Auschwitz, que fue la primera en representar el holocausto nazi y construir una ficción para mostrar la vida en el campo de exterminio, cuando en muchas partes se intentaba pasar página vergonzosamente de este brutal episodio. De 1948 hasta hoy, han pasado sesenta y dos años. Los campos de concentración han sufrido cambios profundos en su tratamiento: concretamente, en el sadismo y su representación. Hoy ya no se siente igual el horror ante el médico de las S.S. que pone una inyección letal a un recién nacido (se representa objetivamente, sin ningún suspense añadido).

Ostatni etap, por supuesto, es anterior a todo eso: muestra un poco, para dejar adivinar todo el horror que no podía nombrarse. En 1948, la estrategia escueta y sin ribetes era suficiente para promover el horror ante los campos de concentración. Hoy, sin embargo, suena a sabido. Es evidente que Ostatni etap no logra ya mover la emoción que solía mover, y ello debería suscitar una reflexión muy seria de cuantos nos preocupa el horror nazi o los horrores sin nombre que siguen asolando a la humanidad.

El cine ha hecho del espectador un analfabeto funcional, que sólo se conmueve cuando el director lo consigue con trucos. Es cierto lo que argumentaba Godard en Historia(s) del cine: el exterminio es la balanza que mide la regresión en el cine.

(Digamos, en honor de la Muestra, que absolutamente nadie conocía esta película. Y que la programaron a pesar de la absurda cantinela de ser una película estalinista, cosa, por lo demás, harto discutible.)

... y la rebelde

Sin embargo, esta edición ha quedado marcada por la película de Sólveig Anspach. Louise Michel (1839-1905) era pedagoga y poetisa (bajo el seudónimo de «Enjolras»), una activista social en las filas de Auguste Blanqui (y, a la vuelta del destierro, del anarquismo), y una de las dirigentes de la Comuna de París (y, luego, una de las principales divulgadoras de la experiencia: Mis recuerdos de la Comuna, Siglo xxi, México, 1973).

Louise Michel, la rebel empieza cuando todo ha acabado. En los planos iniciales, asistimos a la declaración de Louise ante el tribunal que la juzga por los hechos de la Comuna. La insurrección, el aplastamiento y la feroz venganza de clase, han quedado atrás. La película empieza con el destierro y las barcas desembarcando en Nueva Caledonia. Allí, Louise aprenderá la necesidad del anticolonialismo al compartir el destierro con los argelinos y al asistir a la brutal y sangrienta represión del levantamiento canaco en 1878.

Sin romper con la narración lineal, la película va trazando el carácter de los personajes, a partir de su papel en la comuna, su actitud actual y su resistencia (o no) frente a las autoridades francesas de la isla. De tarde en tarde, llegan noticias de París, con los intentos de Victor Hugo y otros intelectuales de conseguir el indulto para la protagonista. Para ello, le erigen una imagen heroica. El interés de la película es que evita cuidadosamente este peligro.

Las condiciones del destierro, hechas de aislamiento y de impotencia, generan en los desterrados sentimientos de desesperación y desasosiego. Louise Michel se enfrenta a eso mediante el rigor, la esperanza y el mirar hacia adelante, con férrea disciplina revolucionaria, cosa que era bastante común entre los blanquistas. Pero no todos tienen el temple para ello, y se abre un vacío entre ella y sus compañeros. Un vacío del que sus amigos y compañeros son conscientes, pero ella no. Cuando los oye, no responde a tales comentarios, como si, en realidad, no los entendiera (lo cual puede ser cierto: a veces la necesidad de abrirse camino ciega a los que van delante). Sólveig Anspach va tejiendo así un hilo muy tenue, pero que envuelve a Louise Michel, protegiéndola a ella —y también a nosotros— de una imagen demasiado heroica.

La película concluye cuando se le concede el indulto. Retrospectivamente, el espectador percibe que, a partir de una supuesta simplicidad narrativa, el trabajo de Sólveig Anspach ha consistido en ofrecer una imagen veraz y detallada del pensamiento propio de Louise Michel y una crónica de la aspereza de su destierro.

Por lo demás, y esto lo comentaban elogiosamente las feministas al terminar la primera proyección, es una película modélica en hallar la forma de hacer una película histórica con un presupuesto muy reducido. Rodada en vídeo de alta definición, contando con el solo gancho de Sylvie Testud (¡magnífica!), ha sabido encontrar un paisaje que le permitía hacer un relato sin tener que pasar forzosamente por la costosa reconstrucción del París de finales del siglo XIX. Digámoslo abiertamente: no es éste el menor de los méritos de Sólveig Anspach al abordar esta obra.

La directora era conocida por Que personne ne bouge! (1998) y Haut les coeurs! (1999), dos excelentes películas vistas en las Muestras de 1999 y 2000.

7/2010

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