Al margen

Juan-Ramón Capella

¿Grietas?

La filmación que muestra a los mossos d’esquadra saliendo como posesos de las “lecheras” con la porra en alto para cargar contra los estudiantes que protestaban en Barcelona por el llamado “proceso de Bolonia”, o sea, por las normas de subordinación a los mercados de las universidades, merece ser comentada. La furia de los mossos más parecía fruto de la excitación química que del celo por el orden. Y cargaban sobre unos jóvenes que en su vida han recibido un capón porque eso está prohibido. Hasta a una madre le han quitado la patria potestad y encarcelado por soltarle uno a su hijo, y no hace falta hablar de lo mucho que se tienen que contener los enseñantes, educados de otro modo.

¿Qué ocurre con el proceso de Bolonia? Está cuestionado por universitarios de toda Europa, que consideran disparatados o inoportunos uno u otro de sus aspectos. En España se ha suscitado un debate intelectual al respecto en que se ha pronunciado analítica y políticamente en contra de las normas consensuadas en Bolonia un sector importante de las personas que en nuestro país se ganan la vida con la reflexión, el análisis o la enseñanza universitaria. La presidencia del gobierno no ha ignorado el problema, pero ha recurrido al cambio ministerial, colocando al frente de Educación a un rector destacado, sin la menor intención de aplazar y reconsiderar la cuestión. Eso significa que el poder tiene por fundamentales los cambios auspiciados por Bolonia, pero significa también que no se ha percatado todavía de que el proceso de Bolonia está ligado a una perspectiva de políticas neoliberales que han hecho aguas por todas partes. Todo el mundo sabe que con Bolonia se irá a peor en la enseñanza superior; se conseguirá colocarla al nivel de las enseñanzas medias. Y eso ocurre cuando una reforma educativa seria y profunda es más necesaria que nunca para adaptarse al mundo que emanará de la crisis económica.

Los jóvenes que hoy luchan por introducir racionalidad en la reforma universitaria —abordada por gentes que vive en un mundo de pseudoconceptos generados por ellas mismas—, y los que el curso próximo empezarán a sufrir el nuevo sistema, pueden ser una primera grieta social para el sistema político de democracia limitada que preside nuestras instituciones. Democracia que no va más allá de prestar aquiescencia a tal o cual lista electoral cocinada al margen de la democracia, y aquiescencia que no conlleva responsabilidad alguna para los premiados por la mansedumbre popular. Pero esa primera grieta potencial —los jóvenes posiblemente comprenderán que no es eso, y que su voz es respondida por el sistema a golpes de porra— no es la única posible.

Pues si a los estudiantes se les trata a porrazos, imaginen lo que el sistema les reserva a las protestas de las clases trabajadoras. Sobre ellas se descarga una crisis que fulmina sus aspiraciones cuando ya vivían en la inseguridad laboral, en el desarreglo de las jornadas laborales, en el autoritarismo patronal tolerado y hasta se diría que fomentado por las autoridades políticas. Los más débiles serán los más afectados. No se puede esperar que la profundización de la crisis deje de crear un ambiente en el que el conformismo social de los años de euforia económica tenga su fin. La profundización de la crisis traerá protestas localizadas y quién sabe si generalizadas. Pero es seguro que justamente cuando empiece a aliviarse se hará patente la grieta abierta entre las personas que trabajan y el sistema empresarial y político. El cuento de hadas de la transición y la supuesta democracia empezará a desvanecerse. Un par de grietas no son mucho, pero tarde o temprano un sistema socio-político tan falso e injusto como el nuestro tenía que empezar a mostrar a todos su desnudez.

Gripe y droga

La epidemia de gripe aviar surgida en China hizo ver al gobierno las limitaciones de sus éxitos económicos. Y los gobernantes chinos actuaron con la máxima celeridad. Lo que la OMS temía que llegara a ser una terrible pandemia mundial no llegó a serlo. Ahora, en cambio, la gripe porcina surgida en México puede ser otra cosa. En un Estado semidestruido y corrupto por las mafias de la droga, la epidemia ha corrido como la pólvora y el país casi se ha tenido que paralizar. Las cartas de los amigos mexicanos al respecto son mucho más terribles que las noticias de la prensa. Y es de temer que al haberse dado tarde las alarmas sanitarias la gripe llegue a ser una peligrosa pandemia que golpee no sólo a los mexicanos, sobre todo a los pobres malnutridos, sino que llegue también hasta nosotros.

La droga. ¿Saben los lectores cómo se blanquean los dineros de la droga? Sencillamente, montando empresas legales. Tiendas de ropa, en Sicilia; restaurantes, cadenas hoteleras y centros de ocio en varios países del mundo, etc. La inmixtión de lo legal y lo ilegal es característica de las mafias. Por eso es tan difícil establecer cuál es el volumen de la economía de las drogas, cuál es el papel de los “paraísos fiscales” por donde pasa el dinero de la droga, y también como se relacionan con ese mundo de “negocios” los diversos servicios secretos al servicio (valga la redundancia) “del bien”. El excelente libro de R. Saviano, Gomorra —no vale la pena ver la película “basada” en el libro, en la que desaparecen los aspectos políticos del asunto que sí están en el libro—, retrata cómo involucra ese mercado de la droga la actividad de muchísimas gentes en una zona económicamente deprimida, y el poder social que detentan esos “empresarios” siniestros. La connivencia de mafia, mercado y política es un auténtico cáncer para la vida social. El cáncer menos detectable. 

Nombres y moda

Resultan reveladores los nombres de las empresas implicadas en la trama de corrupción valenciana. La empresa principal del “empresario” Correa se llama Orange Market. En inglés, claro es, pero no se rompió la cabeza: Mercado Naranja, algo que va muy bien para Valencia. Encargaba los trajes regalados a Forever young,  o sea, Joven para siempre,  la eterna juventud que viste Francisco Camps. Y facturaba la cosa otra empresa llamada Easy concept, que puede traducirse de diversas maneras, como Idea fácil, por ejemplo. Y es que todo era muy fácil. Se comprende que el presidente de la Generalitat valenciana devolviera en cambio los trajes de Milano, sin anglicismo alguno, que le regalaron: el nombre de la empresa es anticuado, y la moda italiana, los Armani, la sigue hasta Arnaldo Otegi. La ropa de Camps revela que la ética y la estética van a veces en direcciones distintas. ¡Quién lo iba a decir!

Peligro pensiones

El gobernador del Banco de España ha seguido con su ofensiva para la modificación del sistema de la seguridad social. Esta vez propone que, como hay deflación —esto es, descenso del nivel de los precios—, hay que aplicarla al cómputo de las pensiones. Una idea brillante: mantener supuestamente intacta en términos reales la capacidad de consumo de los pensionistas, que como todo el mundo sabe, perciben en España pensiones astronómicas, se compran coches de lujo y juegan al golf en Puerta de Hierro.

Aparte de que no sé si a los comerciantes, en época de crisis, les va a gustar esa propuesta de que sus potenciales clientes tengan menos dinero en efectivo, conviene retener la idea.

Porque la indexación a precios de las pensiones va a ser una de las cosas más amenazadas en cuanto empiece a desatarse la inflación galopante que, como resultado del endeudamiento público para reflotar los negocios (principalmente el negocio bancario), va a azotar implacablemente a los más pobres. Por supuesto, no creemos que en esa fase inevitable el gobernador del Banco de España siga defendiendo lo que defiende ahora.

La ruptura de la indexación a precios de salarios y pensiones sería motivo de huelga general en este país. Y esta ruptura sería muy probable en el caso de que el PP recupere el gobierno.

Hay que tenerlo claro.

 

 

5/2009

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