Crónica desde Belém sobre el Foro Social Mundial

José A. Estévez Araújo

El Foro Social Mundial de este año se celebra en Belém, capital del estado brasileño de Parà, una ciudad que se auto-proclama capital de la Amazonía. La Amazonía no es sólo una selva riquísima en biodiversidad, la mayor “fábrica” de agua dulce del mundo, o el principal “pulmón” del planeta. La Amazonía se extiende a través de las fronteras de nueve países y en ella viven más de veinticinco millones de habitantes. Se contabilizan entre éstos más de ochocientos pueblos con doscientas lenguas diferentes. 

Aquí se plantea con enorme intensidad y urgencia el problema de la conciliación entre ecología y economía, es decir, la cuestión de cómo conjugar la efectiva satisfacción de las necesidades sociales con la sustentabilidad de las formas de satisfacerlas. Eso ha dado un sesgo peculiar y específico a esta edición del Foro. Se ha dedicado uno de los días exclusivamente a actividades relacionadas con la Amazonía (el día de la Pan-Amazonía). Y entre los participantes en el Foro se constata una nutrida presencia de representantes de los numerosos pueblos indígenas que la pueblan. 

Con ocasión de la celebración del Foro, la ciudad ha sido tomada por la policía. Pero en este caso, no ha sido para reprimir o controlar a los asistentes, sino para protegerlos de robos y atracos. Pues la criminalidad violenta ha aumentado mucho en ésta hasta hace poco relativamente tranquila (para los parámetros de Brasil) población. Este fenómeno tiene su raíz última en la enorme desigualdad de este país, pero ha tenido su causa más próxima en la intensificación de la lucha contra el tráfico de drogas desde que el PT se hizo con el control del Estado de Parà. Es una realidad que uno vive como una terrible contradicción: tener que ser protegido por una policía que mantiene a los pobres locales alejados del lugar donde se discuten las propuestas para que otro mundo sea posible. 

Las actividades del Foro se están desarrollando en los campus de dos universidades de Belém: la Universidad Federal de Parà (UFPA) y la Universidad Federal Rural de la Amazonía (UFRA). Se trata de áreas enormes (sobre todo en el caso de la UFRA), al lado del río, con mucha vegetación. Algo completamente distinto del campus de una universidad española.  

En este foro, a diferencia de otros anteriores, aparentemente todas las actividades son autogestionadas. La organización se ha limitado a distribuir los espacios y los turnos. La diferencia que existe entre las actividades que se realizan es que unas (las que tienen formato de panel o mesa redonda) están agrupadas en espacios (grandes tiendas de campaña) temáticos. Los talleres o grupos de trabajo se desarrollan en las aulas de las dos Universidades. En las tiendas temáticas tienen lugar los actos más multitudinarios y políticos y en los talleres se intercambian experiencias, se discute y se elaboran propuestas. Estas propuestas siguen un proceso de síntesis a través de un proceso piramidal: cada grupo elige un relator, luego hay una puesta en común, los resultados se elevan a la asamblea del tema y finalmente tiene lugar la “Asamblea de las Asambleas” el último día del Foro. 

El contexto en el que se sitúan todos los análisis que se hacen aquí está marcado por la crisis del neoliberalismo. Es un contexto que contrasta radicalmente con el de enero de 2001, cuando tuvo lugar el primer Foro Social Mundial. Se ha dicho aquí que el neoliberalismo ha fracasado en sus propios términos y se ha hablado incluso de “desmoronamiento del neoliberalismo”. Sin embargo, eso resulta demasiado triunfalista. Pues el neoliberalismo no es sólo privatización y desregulación. Esa es sólo su primera trinchera. El neoliberalismo ha puesto en marcha también nuevas formas de mercantilización de los órganos e instituciones públicas y nuevas formas de regulación que privatizan el proceso de producción de normas y decisiones político-jurídicas. Se trata de todo ese conjunto de elementos que se pueden englobar en la constelación de la llamada ‘gobernanza’. Y la gobernanza no está en absoluto deslegitimada. Lo pone de manifiesto que en plena crisis neoliberal en el ámbito de los mercados financieros, las autoridades universitarias hayan seguido adelante con el proceso de Bolonia sin inmutarse en absoluto. 

Todo el mundo coincide aquí en que la crisis es muy profunda. Nos encontramos ante una crisis económica, ecológica e, incluso, civilizatoria. Frente a la crisis es necesario desarrollar una doble estrategia de resistencia y avance para superarla. Es preciso oponerse a que sean los trabajadores y las personas más desfavorecidas quienes la paguen, luchando contra las propuestas de flexibilización, los despidos, la deslocalización de empresas, el recorte de programas sociales e inversiones públicas... Pero es necesario también superar este modelo de crecimiento y el modo de vida que lleva aparejado para pasar a un escenario de sustentabilidad en el que las personas atrapadas por el consumismo desarrollen la capacidad de vivir más con menos. 

A diferencia de lo que piensa el columnista de El País, en el Foro se manejan ya muchas propuestas suficientemente delineadas que, articulándose, pueden configurar ese nuevo modelo de vida sustentable. El problema no es en absoluto, que no haya alternativas suficientemente concretas en materia de energía, producción, transporte, consumo, distribución, etc. El problema es más bien que, en muchos aspectos, la reflexión que genera el foro tiene una dimensión más ética que política. Está muy claro qué injusticias hay que combatir y qué es lo que hay que conseguir. Está muy claro que otro mundo es posible y qué características debería tener. Lo que no está tan claro es cuál es el camino para hacerlo realidad.

 

 

2/2009

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