Hubert Reeves*

Medio ambiente: actuar pronto

Penosamente salimos de una canícula larga acompañada de múltiples consecuencias desastrosas: multiplicación de incendios de bosques, cifras alarmantes de ozono en grandes regiones de Europa, miles de personas ancianas fallecidas debido al calor, peces muertos en cantidad en los ríos por el exceso de temperatura.

Ahora existe el peligro de que olvidemos que estos fenómenos, supuestamente relacionados con el recalentamiento planetario provocado por la industria humana, muy probablemente se reproducirán cada vez más a menudo, y con intensidad mayor aún, en los próximos años. Así lo predicen, por lo menos, los estudios científicos más serios.

Claramente, nuestra elección de desarrollo no es sostenible y, aunque esta expresión se haya convertido en un leit motiv, las actuales políticas no han variado suficientemente para merecer esa calificación.

Actuar desde ahora: es urgente. Es inútil abrigar ilusiones. Si no se hace nada, chocaremos contra un muro. Hemos de cambiar de rumbo y no podemos hacerlo lentamente. Se trata de un cambio importante que debe negociarse con toda la sociedad implicada, como ocurre cuando se entra en guerra.

Las condiciones de vida del planeta son, desde ahora, condiciones de supervivencia. Se trata de persuadir a los ciudadanos que nada puede ser como antes, que la movilización ha de ser general, pero que merece la pena: se trata ni más ni menos que de nuestro porvenir en la tierra.

Las soluciones hay que buscarlas en una reforma democrática. La información sobre los temas, la divulgación de los resultados de las investigaciones, la trasparencia sobre las políticas, incluidas las reuniones internacionales para decisiones comunes con el fin de que los estados avancen juntos, he ahí la forma de mundialización que nos conviene impulsar.

Añadamos también que están a nuestro alcance actitudes concretas y cotidianas a fin de mostrar a los líderes políticos que estamos dispuestos a asumir una parte de los esfuerzos.

¿Ejemplos? En primer lugar acciones posibles, la reducción del consumo en climatización y de la velocidad de los coches. El transporte por carretera es una de las principales causas del recalentamiento de la atmósfera y de la contaminación generalizada por el ozono. El consumo incrementado de gasolina de los coches veloces aumenta la emisión de numerosos gases responsables del recalentamiento de la atmósfera y de la formación del ozono. Y por supuesto, previamente, hay que insistir en la necesidad de elegir coches de bajo consumo de gasolina.

[* Hubert Reeves es un astrofísico canadiense.

Publicado originalmente en Le Monde. Traducción de María Rosa Borràs]



1/9/2003

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