Breve luna de diciembre

Juan-Ramón Capella

Gran cambio en Bolivia

La mejor noticia del mes de diciembre es la elección de Evo Morales a la presidencia de Bolivia. Accede al cargo un campesino, un sindicalista, un dirigente socialista. Y lo hace con un triunfo arrollador, con enorme apoyo social, como resultado de un amplísimo movimiento de oposición a la venta de las riquezas recientemente descubiertas en Bolivia en las condiciones que quería para sí la industria petrolera y del gas.

El gas es la nueva gran riqueza boliviana. Evo puede ser decisivo para que esta riqueza elimine la miseria; para poner las bases de una sociedad menos injusta. En estas elecciones no se ha elegido sólo a un presidente, sino que se ha institucionalizado la representación de un amplio movimiento social de los de abajo. Gracias al humilde pueblo boliviano.

El juego de matar a pobres quemándolos

Eso es lo que han hecho en Barcelona unos jóvenes descerebrados, de la llamada “gente bien” por añadidura: apalear y finalmente quemar a una pordiosera que había encontrado refugio para resguardarse del frío de la noche en el cubículo de La Caixa, en un “cajero”.

No basta exigir que los autores de este crimen sean severísima y ejemplarmente castigados. Hay que preguntarse también por otras responsabilidades.

De sus familias, para empezar: ¿qué opinaban o comentaban sus padres, en casa, de los mendigos, de los limpiacoches, de los pobres? ¿Qué habrán oído decir a sus padres esos jóvenes?.

Es difícil que el ministerio fiscal pueda hacer una investigación en este sentido, que vaya al fondo de las cosas. Incluso, tratándose de jóvenes “con posibles”, es de temer un juicio en el que se usen todas las garantías del derecho para negar o atenuar la evidencia. La criminal evidencia. Pero ahí tiene que intervenir la opinión pública. ¿Se puede permitir que haya vecinos que no sepan inculcar a sus hijos no digo ya la compasión, sino el mero respeto, al menos, por los desgraciados que no tienen donde dormir?

Y otra importante responsabilidad indirecta: la del Ayuntamiento de Barcelona, de mayoría “progresista”. Entendámonos: el alcalde Clos, como ya se ha dicho en estas páginas, es un cadáver político viviente. Y como ha empezado a intuirlo, gesticula para tratar de seguir a flote. Ha promovido y aireado con algunos de sus socios y con la ayuda de la conservadora CiU una “ordenanza de civismo” en la que, dicho pura y llanamente, son criminalizados los pobres y los mendigos; sus comportamientos se consideran incívicos.

Si el Ayuntamiento considera incívicos a los mendigos, ¿qué pueden pensar sobre ellos los jóvenes? El consistorio barcelonés, confundiendo el culo con las témporas, aprovecha las quejas vecinales contras los guiris que evacuan su cerveza en la vía pública para dictar una ordenanza por la que quienes pagan el pato son los pobres. Es un consistorio de burgueses.

El horroroso crimen de la indigente quemada pone al descubierto demasiada mierda, esa es la pura verdad.

Ratas

Me refiero, naturalmente, a los políticos que hoy ocupan la Casa Blanca, a sus generales, a la gente de la CIA y a los legisladores norteamericanos. Todos tienen responsabilidades en la tortura de seres humanos, en los secuestros, las guerras, en violaciones de la legalidad internacional, que han dinamitado. Unos por acción y otros por autorizar una legislación de excepción que es la vergüenza del derecho en todo el mundo. Ya sé que el lector lo sabe, pero no hay que cansarse de repetirlo.

Toda esa gente convino en llamar “guerra” al atentado terrorista de las Torres Gemelas. Y así inventó y “normalizó” unas nuevas “leyes de guerra” que subordinan el derecho interno norteamericano y el derecho internacional a la paranoia política de sus gobernantes y altos funcionarios. La guerra estaba ya en el programa de Bush cuando accedió a la presidencia. La guerra que prosigue por el petróleo y por el gas. Pero ha pasado el tiempo; ahora sabemos que la videovigilancia y el control de las comunicaciones configuran desde hace meses un presente orwelliano en la primera potencia mundial.

Año nuevo sin vida nueva: ésa es la pura verdad. Salvo en Bolivia.

1/2006

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