Podemos y la superación del eje izquierda/derecha

Antonio Antón

Existe un fuerte debate sobre las características y la vigencia de la polarización entre izquierda y derecha, o bien su sustitución por otras dicotomías como la que enfrenta la democracia a la oligarquía o la ciudadanía frente a la casta. Se trata de analizar algunos discursos utilizados, su significado simbólico y su contenido real, así como el alcance y las características de la pugna social y política, para ayudar a clarificar la actividad transformadora resultante. Aportamos varias reflexiones sobre el eje izquierda/derecha, diferenciando el contenido sustantivo de esas expresiones y su valor simbólico o metafórico. Partimos de la vigencia, incluso la mayor relevancia, de la acción por la igualdad y la democracia, valores asociados a las mejores tradiciones de las izquierdas. Pero reconocemos la confusión social, política y mediática sobre quién pertenece a esa izquierda y, por tanto, qué significa esa palabra y cómo configurar una alternativa real a la derecha, al bloque de poder liberal-conservador. En particular, la socialdemocracia, en España y en Europa, aún se define de izquierdas (mirando al centro según sus nuevos dirigentes), a pesar del giro al centro de su discurso y su última gestión gubernamental, fundamentalmente, de derechas.

Dos aspectos vamos a tratar para acercarnos a la valoración del eje izquierda/derecha para definir la pugna sociopolítica actual y la posición de dirigentes de Podemos de sustituirlo por otros ejes (democracia/oligarquía o ciudadanía/casta) que expliquen mejor el conflicto social: las características ideológicas del electorado, particularmente el autodefinido como de izquierdas, y el significado real y simbólico del eje izquierda/derecha.

Autoubicación ideológica del electorado de PSOE, Podemos e Izquierda Plural

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) viene estudiando desde hace tiempo la autoubicación ideológica de la población sobre el eje izquierda-derecha. Utiliza una escala de 1 —extrema izquierda— a 10 —extrema derecha—. Los segmentos 1 a 4 se consideran autoidentificados como de izquierda, el 5 y el 6 de centro, y del 7 al 10 de derecha.

Según su Barómetro de julio de 2014 (publicado en agosto), la autoubicación ideológica del conjunto de la población es la siguiente (en paréntesis los porcentajes de mayo de 2010, cuando cobran fuerza las políticas de austeridad): segmentos 1-2, 9,9% (7,4); 3-4, 31,2% (24,7); 5-6, 28,4% (28,9); 7-8, 10,1% (9,5); 9-10, 2,8% (2,2); NS/NC, 17,8% (27,3) —lo cual es un porcentaje relevante—. El total de la izquierda suma 41,1% (32,1), el centro 28,4% (28,9) y la derecha 12,9% (11,7). O sea, teniendo en cuenta la existencia de un porcentaje significativo que no se posiciona, la gente autoubicada en la izquierda es similar a la suma de la situada en el centro y la derecha. En estos cuatro años la que se sitúa en la izquierda ha crecido nueve puntos, provenientes, sobre todo, del grupo ‘no sabe/no contesta’, ya que la suma del centro —baja medio punto— y la derecha —sube algo más de un punto— prácticamente no varía. La media está en el punto 4,57. Pero considerando que una parte de las personas de centro se consideran progresistas y más cercanas a la izquierda que a ‘esta’ derecha, el conjunto de izquierda y centro progresista tendría una ventaja sustancial frente al centro-derecha (pendiente, claro, de la definición del 17,8% restante que no se pronuncia).

Respecto del PSOE, sumados sus votantes autodefinidos de centro (31,9%) y de derecha (9,6%) son algo superiores a los de izquierda (39,7%), y la mayoría de estos son moderados (21,9% del segmento 4). En las elecciones europeas la media de su base electoral se autodefine de centro (cerca del punto 5), y también es visto de forma similar por el conjunto de la sociedad (4,68).

Asimismo, el electorado en las europeas de IU-ICV se sitúa en el punto 3,4 de la escala y el de Podemos en el 3,7, aunque la sociedad los ve más a la izquierda (2,67 y 2,46, respectivamente; cabe resaltar que es el electorado autoubicado de derechas el que más a la izquierda ve a esas formaciones, desequilibrando las medias). Es decir, la mayoría de los votantes de Izquierda Plural (para Podemos no hay datos desagregados, aunque la apreciación podría ser similar) no la ven mucho más a la izquierda que como se autodefinen a sí mismos. O, dicho de otro modo, sus votantes tienen una posición ideológica cercana a la que perciben que ocupa esa formación.

Los datos de ese Barómetro de julio también expresan la suma del voto y la simpatía, para el caso en que se convocasen ahora elecciones generales y según la autoubicación ideológica. En la siguiente tabla se han entresacado los porcentajes de cada segmento ideológico con la distribución para cada uno de los tres agrupamientos. Como se ve, la media de voto + simpatía a Podemos (13,1%) es superior a la de IU/ICV (7,1%). El PSOE tiene el 14,6% y el PP, el 16,1%. Estamos hablando del conjunto de la población, y solo expresa su opinión un 65,9%. El resto del 34,1% se pronuncia por Ninguno (25,4%) o por voto en blanco, nulo o no sabe y no contesta. Por tanto, si consideramos probables abstencionistas, la suma de estos votos y los votos válidos en esos casi dos tercios que se han definido por un partido, tenemos los datos siguientes de tendencia de voto en esas supuestas elecciones generales: Podemos, 19,9%, casi el doble que IU/ICV, 10,8%; es decir, en total reciben el apoyo de más del 30% de la población; mientras, el PSOE recibiría algo más del 22% y el PP, el 24,4%. En la distribución por cada segmento (son datos sobre el total) existen algunas diferencias significativas. Podemos recibe un porcentaje mayor de las personas que se autoubican en los segmentos 1 y 2, más a la izquierda, y en los segmentos 5 y 6, de centro, así como de los que no saben o no contestan sobre su identificación ideológica; al mismo tiempo, en los segmentos 3 y 4 o izquierda moderada, IU/ICV recorta alguna distancia respecto de la media. Y muy pocos de los que se definen de derechas simpatizan con ninguno de los dos.

En este plano ideológico, ambos tienen, sobre todo, simpatías ideológicas y electorados de izquierda, y suman en torno a la mitad de los segmentos 1 y 2 y en torno al 40% de los segmentos 3 y 4. Supone que entre la ‘izquierda social’ son mayoritarios respecto del PSOE. La ‘transversalidad’, recepción de voto y simpatía de los autoubicados ideológicamente en el centro (o derecha) son muy limitadas y estarían compuestas, como máximo y entre los dos, por el 11,3% del segmento 5 y el 5,3% del segmento 6, aunque con una diferencia por debajo de la media en perjuicio de IU/ICV, particularmente en el segmento 5 (centro-progresista).

Fuente: CIS–Barómetro de julio de 2014. 1: izquierda a 10: derecha.

Nota: Hay que advertir que la comparación de los porcentajes hay que hacerla verticalmente entre los tres partidos; sumadas todas las opciones serían el 100%. Pero no se pueden sumar horizontalmente, porque cada segmento tiene una dimensión distinta: los centrales y, por tanto, sus porcentajes contienen mayor población que los extremos.

El PSOE alcanza el 14,6% de media, menos que el 20,2% correspondiente a la suma de Podemos e IU/ICV (y, descontando el porcentaje de los que no se han pronunciado, el PSOE tendría el 22,2%, es decir, menos que el 30,7% de la suma de los otros dos grupos a su izquierda). Estos tienen más peso que el PSOE en los segmentos 1, 2 y 3 y menos peso en los 4 y 5. Y todos ellos, especialmente IU/ICV, tienen escaso apoyo en los segmentos de centro-derecha.

Según otros datos complementarios del CIS, la autoubicación global del electorado de IU/ICV es la siguiente: izquierda (1-4), 70,6%; centro (5-6), 7,1%; derecha (7-10), 0,8%. En todo caso, es significativa la diferencia de la base ideológica de los electorados de ambos, Izquierda Plural y Podemos, con la del PSOE, partido cuyos votantes que se sitúan en la izquierda no llegan al 40% del total.

En conclusión, las referencias ideológicas de la población en torno al eje izquierda y derecha sí tienen relevancia para la orientación del voto electoral. No son el factor exclusivo. En particular, el PSOE, a pesar de la amplia desafección electoral, conserva una parte significativa de electorado autoubicado en la izquierda, especialmente el moderado, y en el centro progresista. Aunque ese sector mantenga cierto descontento hacia su gestión gubernamental todavía le sigue votando, ya sea porque considera que es menos malo que el PP y constituye un freno, ya sea porque su actuación regresiva está compensada por otros componentes progresistas. La cuestión es que sigue existiendo una ciudadanía descontenta e indignada contra la involución social y democrática, que constituye una mayoría de la sociedad y demanda otra orientación socioeconómica y más democracia. Sus referencias ideológicas la sitúan, fundamentalmente, en la izquierda y el centro progresista, y en sus referencias electorales, aparte de la configuración del llamado ‘electorado indignado’ (Podemos, Izquierda Plural, Primavera Verde…), otra parte —similar— sigue votando al PSOE y otra —menos relevante— a varias formaciones de ‘centro’ o centro-derecha (a las que vota, sobre todo, el sector conformista o conservador).

Para el convencimiento de ese electorado decisivo y la consecución de mayorías sociales, se establecen las distintas estrategias políticas y comunicativas: el PSOE intentando que se olvide la gestión de su cúpula gubernamental y con una retórica ‘centrada’ y ambigua; Izquierda Plural, de acuerdo con su posición en el eje, intentando hacer ver que el PSOE es de ‘derechas’ y que la alternativa es la auténtica izquierda, y Podemos que la cúpula socialista es de la casta y que la alternativa es la ciudadanía y la democracia. La incógnita es la eficacia de cada discurso para conectar con la realidad de la estrategia de cada agrupamiento político, explicar la justeza o no de su discurso, enlazar con la mayoritaria cultura cívica, social y democrática, así como la credibilidad de cada formación y su liderazgo para representarla.

Significado real y simbólico del eje izquierda/derecha

Frente al eje izquierda/derecha, la opción de Podemos es crear otro eje real y simbólico para expresar otra dicotomía: frente a oligarquía y casta propone democracia y ciudadanía. Veamos, primero, los efectos confusos derivados de la inclusión de la socialdemocracia en la izquierda política, ya que se generan dificultades para definir un proyecto político transformador y coherente y se diluyen sus mejores tradiciones y símbolos.

En las últimas décadas, la representación política y cultural mayoritaria de la izquierda (o mejor ‘izquierdas’, en plural) ha sido hegemonizada por la socialdemocracia que, precisamente con su giro al Nuevo Centro o Tercera Vía, ha abandonado sus prioridades fundamentales de profundizar realmente en la igualdad y la democracia, particularmente en los derechos sociales, económicos y laborales. Además, con la crisis sistémica, económica, político-institucional y europea, sus aparatos gobernantes han consolidado una estrategia en dirección contraria a la justicia social y el respeto a los derechos sociolaborales, aplicando unas políticas regresivas y antisociales e incumpliendo sus contratos con la ciudadanía.

Por otra parte, históricamente se han realizado diversos intentos de conformar una izquierda nueva o auténtica, diferenciada del giro centrista de la socialdemocracia o de sus corrientes más economicistas o rígidas. En el terreno social han sido, desde los años setenta, los nuevos movimientos sociales (feminismo, ecologismo, pacifismo…) los que han modificado, renovado y ampliado las tradiciones de la problemática social y los discursos, reivindicaciones, sistemas organizativos y reconocimientos sociales y políticos de las izquierdas (incluidos los partidos verdes). En el ámbito político-electoral, la propuesta de Izquierda Unida es la reafirmación en las referencias de la izquierda democrática europea, junto con distintas inercias organizativas y discursivas.

El contenido sustantivo de forjar una mayoría social frente al poder oligárquico, basado en la participación popular contra la desigualdad y por la democracia, podría ser común a Podemos e Izquierda Plural. La diferencia sería, sobre todo, de carácter simbólico y de formas discursivas. Sin embargo, tiene implicaciones por su impacto en la valoración de las tradiciones, la adecuación de los discursos a las nuevas realidades y la legitimación de los distintos actores.

El PSOE vuelve a utilizar el rótulo de izquierda, aunque es una retórica instrumental y no supone un giro a una política diferente a la del periodo anterior. Pero en esta fase, y con la cúpula y la orientación actual del PSOE, utilizar un simbolismo compartido (izquierda) no clarifica esa diferenciación. A no ser que el conjunto del PSOE, y en particular su aparato, se reconvirtiera hacia una auténtica izquierda, algo improbable, o claramente dejara de declararse de izquierda, dejando el símbolo en manos solo de IU. Ello no impide valorar elementos comunes y llegar a acuerdos concretos o a la convergencia de posiciones parciales, como a veces ocurre entre distintas formaciones políticas en foros parlamentarios, entre los sindicatos y las organizaciones empresariales o entre otros movimientos y grupos sociales con instituciones diversas, respecto de tal o cual reivindicación o actividad. Pero el hilo conductor es ahora cómo hacer frente al cambio gubernamental, precisar los acuerdos necesarios y clarificar las posibilidades para ello, y situar el papel de esos símbolos y su contenido sustantivo.

Han adquirido mayor relevancia graves problemas sociales para la población: la cuestión social, la desigualdad socioeconómica y la involución democrática y de derechos. Y, paralelamente, la necesidad de la reafirmación ciudadana en los mejores fundamentos de la izquierda: igualdad y democracia (o libertades y no dominación), además de otros como la solidaridad y la laicidad. Se produce una paradoja. Por un lado, los valores clásicos de la izquierda democrática europea de estos dos siglos tienen más importancia y vigencia para transformar la realidad de desigualdad, empobrecimiento y subordinación, mediante la participación popular frente al establishment. Por otro, la ‘marca izquierda’ no es clara para representarlos y fortalecerlos y ha sido instrumentalizada y anulada en el ámbito institucional por la Tercera Vía (o Nuevo Centro) socialdemócrata; o bien, ha sido asociada a otras realidades históricas del llamado ‘socialismo real’, con regímenes autoritarios con su nueva nomenclatura dominadora y sin libertades democráticas, o se vincula con discursos anquilosados y prácticas burocratizadas.

Por tanto, la contraposición ‘simbólica’ izquierda/derecha es confusa, ya que en la ‘marca’ izquierda coexisten diversas tradiciones, unas buenas y otras menos buenas. Pero lo significativo para la percepción global de la población es que últimamente la ha gestionado, sobre todo, la socialdemocracia con un discurso y una estrategia, según ellos mismos, de ‘nueva vía’ o ‘centro’. Gran parte de la población ve esa contraposición como la simple alternancia de cúpulas gobernantes, hoy con similares proyectos en las cuestiones socioeconómicas y políticas fundamentales. Ese eje no reflejaría una oposición sino una línea de consenso, sin alternativa. Se trata de ‘superar’ ese esquema que genera confusión, ya que la ‘dirección’ de la izquierda mayoritaria (socialdemocracia española y europea) ha hecho una reconversión ideológica hacia el centro social-liberal y una última gestión gubernamental e institucional, fundamentalmente, de derechas, no igualitaria y con déficit democrático. En este periodo de crisis económica y política y de consenso básico entre conservadores y socialdemócratas sobre la austeridad (flexible) y los temas de Estado, a veces puede haber mucha ‘confrontación’ mediática, incluso fuerte crispación, entre el PP y el PSOE, pero no suele obedecer a profundas diferencias estratégicas o de opciones fundamentales, hoy bastante coincidentes, sino a temas menos relevantes. Pongamos que la diferenciación pública, cuando no hay consenso de fondo, la establecen entre una élite de derechas consecuente con las políticas regresivas en todos los aspectos (que quiere aparecer de centro-derecha, como la mayoría de sus votantes) y otra cúpula de derechas (que quiere que le consideren de centro-izquierda, como se identifica su base social), consecuente también con la estrategia liberal-conservadora, cuya retórica de centro no ha tenido credibilidad, aunque la complemente con algunos aspectos de izquierda, algunos de ellos significativos, por ejemplo en el tema del aborto. Normalmente, el conflicto entre ellos no se produce en ‘temas de Estado’, ni en las grandes líneas socioeconómicas o europeas. La polarización parcial, a veces, es tensa, y se instrumentaliza según las conveniencias del marketing por el aseguramiento de la legitimidad de sus aparatos respecto de sus respectivos campos electorales.

Esos giros —discursivo, al centro, y ejecutivo, a la derecha— de los aparatos socialdemócratas no determinan que haya que dejar de utilizar esa expresión ‘izquierda’ o que, bien acotada, sea un elemento significativo de la identificación popular. Existen amplios sectores sociales que se autodefinen de izquierdas, incluida cerca de la mitad de la base socialista y la gran mayoría de los votantes y simpatizantes de Podemos e IU/ICV. Mantienen vigentes los valores de justicia social, los derechos socio-laborales, la redistribución y la democracia. Son actitudes progresistas y de izquierda que les han llevado a la crítica a los poderosos y al apoyo a la protesta social frente a la política autoritaria de austeridad. En la sociedad todavía existen esa cultura positiva de izquierdas y suficientes energías sociales para defender la igualdad y profundizar la democracia. Ahora bien, aparte de qué política de fondo hay que desarrollar, el interrogante es qué símbolo es más útil para que se identifique la ciudadanía en su pugna político-electoral con el establishment: ¿disputar la marca que se ha vuelto a apropiar la dirección del PSOE para camuflar su giro al centro, ahora que su marca centrista con gestión de derechas no ha dado resultados y está asociada a políticas socioeconómicas liberales sin respeto por la opinión ciudadana? ¿A quién considera la gente cuando se habla de ‘izquierda política’?

El PSOE y sus bases sociales tienen un carácter ambivalente. Tienen componentes de izquierdas, pero lo sustantivo de su aparato, su gestión y su proyecto, político y socioeconómico, no son de izquierdas. La vocación de la nueva dirección de volver a gobernar con similares estrategias y las mismas dependencias con el establishment no augura un giro a la izquierda. Su estrategia comunicativa consiste, sobre todo, en hacer olvidar su última gestión de derechas y mantener la ambigüedad sobre una política centrada, sin diferencias sustanciales con la dominante en la Unión Europea y el consenso de la socialdemocracia con el bloque de poder encabezado por Merkel. La respuesta de la gente sobre quién o qué es izquierda, cuando menos, no es sencilla y está presa de esa ambivalencia. Se puede resolver parcialmente haciendo valer los valores en que se asienta la izquierda social y reafirmando el papel de una izquierda política consecuente y renovada.

Refuerzo, renovación y superación de la izquierda

En relación con la izquierda se deben desarrollar tres tareas complementarias y con una relación compleja entre sí: existen componentes a reforzar, otros a renovar y algunos directamente a abandonar y superar. Hay que apoyarse en los valores democráticos e igualitarios de la izquierda social, reforzarlos y representarlos, evitando diferenciaciones artificiales o a efectos de legitimación particular. Definir los adversarios reales, el campo de los aliados y el proyecto de cambio es la tarea común de un polo alternativo a la socialdemocracia. Igualmente, hay que renovar y reelaborar el análisis, los proyectos y las ideas fuerza, junto con nuevos esquemas analíticos y discursivos que simbolicen e interpreten el contenido fundamental de los nuevos conflictos sociopolíticos y culturales. Debemos seleccionar lo adecuado del pensamiento, la acción y los valores de las izquierdas (y otras corrientes progresistas) y rechazar lo inadecuado. Realizar la correspondiente valoración crítica de sus tradiciones más negativas, en particular y a veces, su falta de sensibilidad democrática y de respeto al pluralismo y la existencia de ciertos dogmatismos.

Por tanto, se trata de cambiar discursos, renovar representaciones y liderazgos y elaborar nuevos símbolos que expresen mejor las identidades colectivas transformadoras en un sentido igualitario y democrático. Y para ello es necesario contar con la experiencia en la lucha democrática y social, la representatividad y las mejores tradiciones culturales de las izquierdas transformadoras. Lo nuevo no puede prescindir de las mejores características de lo viejo. Elementos tradicionales en la acción democrática y de izquierdas, convenientemente renovados, son fundamentales en la nueva época. Pero habrá que superar la debilidad en el campo simbólico y discursivo para expresar claramente un proyecto político transformador y democrático, así como sus bases sociales y las alianzas, abordando el hecho de que una parte de ese sector de centro-izquierda todavía considera que la dirección socialista les representa políticamente. No obstante, la consolidación y ampliación del proyecto de cambio, se apoya, sobre todo, en esa gente de izquierda pero desborda la autoidentificación con la izquierda, su base se asienta entre la ciudadanía descontenta con el poder establecido por su estrategia regresiva y su cultura es progresista en lo social y democrática en lo político.

Hemos expuesto la polarización o dicotomía entre izquierda y derecha. Por un lado, con la crisis sistémica y la gestión autoritaria y antisocial de las élites gobernantes, incluida la socialdemocracia, se han revalorizado los temas y valores clásicos de la izquierda democrática europea: justicia social (igualdad socioeconómica y derechos sociolaborales) y democracia (libertades, participación, no-dominación). Igualmente, en el plano relacional e histórico, se ha configurado una ciudadanía indignada, de carácter popular, progresista y democrático, y junto con la movilización social de una ciudadanía activa, se ha abierto una pugna de fondo frente a la gestión regresiva de los poderosos, cuestionando su legitimidad. Por otro lado, la gran mayoría de votantes de Izquierda Plural y Podemos, así como la mitad de los del PSOE, se sitúan ideológicamente en la izquierda, es decir, comparten esos valores básicos. Finalmente, hemos señalado los problemas para la identificación de la ciudadanía con la izquierda política dada, cuando menos, la ambivalencia de la pertenencia de la socialdemocracia a ese bloque —diferenciando cúpulas de su base militante y votante—. El vocablo ‘izquierda’ no es unívoco y se presta a confusión, pero dentro de las izquierdas hay experiencias, tradiciones y valores fundamentales para aportar en la nueva época. Está vigente el conflicto de gran parte de la misma con la derecha y la involución social y democrática y hay un sentido de pertenencia entre amplios sectores de la sociedad, basado en esos valores de la igualdad asociados a la izquierda. Todo ello sigue vigente, no está superado, se debe realzar y formar parte de la identificación popular.

En resumen, falta por profundizar su contenido, renovar su pensamiento, sus discursos y sus estructuras organizativas y, específicamente, reelaborar y resignificar sus signos y sus símbolos. Pero hay que definir de otra forma los polos del conflicto social, por una parte, las capas dominantes y, por otra parte, el sujeto progresista, la ciudadanía crítica y sus principales actores, con un proyecto transformador por la igualdad y la democracia.

 

[Antonio Antón es profesor honorario de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid]

20/9/2014

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