Elecciones municipales y candidaturas de ruptura. Algunos elementos de reflexión

Vidal Aragonés

Desde la presentación de la candidatura Guanyem Barcelona se han sucedido en el Estado español, muy especialmente en Catalunya, un gran número de actos, reuniones y anuncios de intentos de candidatura para las próximas elecciones locales que pretenden ser la suma de aquello que en la práctica se encuentra a la izquierda del PSOE. Si bien la realidad de Barcelona, capital de Catalunya y referente político de los Països Catalans, es cualitativamente más importante a lo que pueda ocurrir electoralmente en el resto de municipios, la realidad política puede cambiar más por lo que suceda en un gran número de procesos de unidad de acción a nivel local. Esto último es lo que nos debe llevar a reflexionar sobre estos procesos y a valorar su importancia más allá de resultados electorales.

No analizamos en este texto el proceso soberanista en Catalunya, la situación del movimiento obrero y sindical y las luchas de los movimientos sociales, si bien jugarán un papel fundamental en la configuración de la realidad social del próximo periodo.

El método de creación o lanzamiento: unidad desde el reconocimiento, generosidad desde la crítica y la autocrítica

En primer lugar debemos abordar el método como cuestión esencial para poder desarrollar realmente procesos fuertes. La primera crítica y autocrítica es porqué construir el año anterior a las elecciones y no antes. Ello nos permite ver, por un lado, que hay organizaciones y compañeros/as que no hemos encontrado en las luchas de la última etapa. Por otro lado, que la mayoría de organizaciones no se han planteado procesos de unidad de acción con otros sujetos políticos con los que para cuestiones concretas coincidían en planteamientos.

El segundo elemento, en cuanto a método, a tener en consideración es el reconocimiento previo a los sujetos políticos existentes que ya venían construyendo proyectos caracterizados de alternativos o de ruptura, en el caso de Catalunya las CUP o las CAV entre otras. No se puede pretender el lanzamiento de procesos de unidad sin otorgar el correspondiente reconocimiento a los compañeros y compañeras que ya vienen trabajando en proyectos municipalistas. En cuanto a la significación de ICV-EUiA seguramente responderá a la realidad de cada municipio, donde podemos encontrar a quienes han sido durante años incansables luchadores y luchadoras y otros que han formado parte de los Gobiernos que, en el mejor de los supuestos, no eran proyectos de ruptura y que, en otros, han aplicado un modelo neoliberal de ciudad. Mención especial merece el fenómeno Podemos, debiendo contarse con los compañeros y compañeras que lo están impulsado para la formación de las nuevas candidaturas, cuestión que a su vez les permitirá escapar de la lógica autorreferencial. Mención especial merece el Procés Constituent que, con todas sus sanas contradicciones, se ha convertido en el máximo impulsor de gran parte de las candidaturas unitarias.

No debe provocar miedo alguno otorgar protagonismo en la conformación del proceso a los proyectos políticos que ya existen; sólo de esa manera podemos tener la certeza de que realmente se han generado dinámicas en las que se buscaba la unidad. Ello no debe implicar secretismo en los contactos y encuentros, pero sí un ejercicio de sinceridad sobre lo que nos separa y nos une. En un sentido contrario, ningunear o tratar con subalternidad a organizaciones que han jugado un papel importante no es configurar reales procesos de confluencia.

La presentación pública, si pretende ser para la unidad, debe haber estado precedida de un llamado a aquellos y aquellas que quieren conformar las candidaturas. Presentarse sin ellos para a posteriori llamar a participar supondrá, de facto, una construcción que no sirve para unir sino para dar a entender a los no presentes: “Tenemos un proyecto, si quieres te sumas”.

Acordado un programas de mínimos y mecanismos de funcionamiento podrá determinarse qué nivel de protagonismo inicial se da a las organizaciones existentes dependiendo de la realidad de cada localidad. Puede ser aconsejable que se realice una presentación donde las organizaciones hagan tan sólo un llamado a participar. O puede ser necesario que inicialmente exista el compromiso claro de identificar el proyecto como propio.

El primero o los primeros actos de presentación de la candidatura unitaria deben ser ilusionantes, agitativos y con ideas muy claras en que se combinen ruptura y alternativas concretas a problemas cotidianos. Al mismo nivel, la existencia de seriedad organizativa marcará la credibilidad de la candidatura.

Debemos entender las candidaturas en tres ejes:

De participación activa: a través de asambleas abiertas de todos aquellos compañeros y compañeras que asuman en proyecto como propio.

De organización: las asambleas generales no deben ser un fin en si mismas sino un medio para decidir el trabajo que las asambleas de barrio-zona y sectoriales hayan preparado previamente.

De ruptura: los programas y las medidas políticas que se planteen no pueden tener como límite la legalidad (pensando así nos encontraríamos todavía en la Edad Media) y deben enlazar las necesidades mínimas (empleo, servicios públicos, vida digna) con alternativas concretas.

Sumas de organizaciones o suma de luchas: ¿frente de izquierdas o unidad popular?

No va ser este el espacio para discutir sobre la significación del Frente de Izquierdas y la Unidad Popular (entre otras cuestiones porque ni tan siquiera llegaríamos fácilmente a un acuerdo), pero sí queremos diferenciar dos modelos de procesos. No entendemos que la suma de partidos y organizaciones por sí misma siempre sume; a veces, puede incluso restar. Creemos más necesario un proceso de unidad desde las luchas y las necesidades, que tomen el proceso electoral como la lucha institucional y en el que se atribuya todo el protagonismo al marco unitario y no a las organizaciones. En un momento histórico en que los partidos tradicionales se encuentran bajo mínimos y se demandan nuevos espacios políticos se hace necesario un marco amplio de expresión que no debe suponer la renuncia a ningún planteamiento ideológico.

Ha de ser posible criticar a las organizaciones que han practicado políticas neoliberales como la concertación, el burocratismo y otras formas de hacer del establishment sin caer en el sectarismo hacia quienes estén dispuestos, desde posiciones autodenominadas de izquierda transformadora, a renunciar a algunas de sus prácticas y asumir un programa conjunto. En ocasiones, pretendemos aleccionar a compañeros y compañeras con décadas de lucha a sus espaldas y que siempre han construido desde la honradez, con errores o no.

Lo ideal hubiera sido coincidir en espacios de lucha y marcos de unidad que habrían favorecido la confianza mutua. Pero ahora es ya difícilmente posible. En cualquier caso, esto no supone que los procesos deban ser dirigidos por las organizaciones, lo cual no generaría confianza en la unidad y podría provocar que no se sumaran otras personas y sujetos políticos. Pero tampoco sería positivo incrementar los prejuicios antipartidos y antipolítica que, curiosamente, son ahora alimentados por organizaciones con claros proyectos políticos. A los partidos se les ha de solicitar su fundamental aportación en experiencias, medios y militantes y todo aquel bagaje que puede servir para sumar y aportar aspectos positivos a las nuevas candidaturas.

¿Programas democráticos o programas de ruptura?

Las nuevas candidaturas municipalistas no deben centrarse en los resultados electorales sino la ruptura que debe constituir la auténtica victoria. La victoria electoral si no va acompañada de un programa de ruptura se transforma en una derrota.

Aquí debemos situar la diferencia entre representación institucional y poder. La posibilidad de formar Equipo de Gobierno en algunos municipios no será más que una victoria institucional que no nos acerca al poder real. Si hasta ahora la propia naturaleza del Estado nos apartaba del poder, ahora el propio y estricto cumplimiento de la legalidad (pago prioritario de la “deuda pública”, eliminación de servicios públicos por aplicación de la LRSAL, contrarreformas laborales, etc.) nos aparta de la posibilidad de creación de empleo desde el sector público o de la propia existencia de servicios públicos.

 Es en esa tarea donde realmente podemos abrir una brecha que nos aproxime al poder real. Así debemos observar las candidaturas: no como un fin en sí mismas sino como un medio para alcanzar objetivos a corto, medio y largo plazo.

El primer objetivo vendría de la mano del proceso de acumulación de fuerzas y la recuperación de una hegemonía que quiebre los valores neoliberales. El segundo constituiría la resolución de problemas reales a través de la política institucional, una vez se pudiesen condicionar o determinar gobiernos en ámbitos municipales. El tercero y más importante sería la transformación del régimen económico y social en el que vivimos.

Buena parte de las nuevas candidaturas se definen de ruptura, pero ello no debe ser una etiqueta sino que debe responder a un programa concreto de esa naturaleza. En ocasiones se presentan como programas de ruptura aquellos que son de democracia radical y/o democratizantes. Por supuesto que habremos de incluir consignas democratizantes pero sabiendo que estos avances no resolverán los problemas esenciales que se encuentran en la naturaleza misma del capitalismo.

No es fácil encontrar las diferencias entre programas democráticos y programas de ruptura pero podemos observar algunas cuestiones esenciales que nos permiten diferenciarlos. En un programa actual para municipales exigir la “defensa del empleo” significa bien poco (lo firmará PP-PSOE-CIU), no nos muestra qué política se pretende desarrollar. Expresamente debe llamarse a “inaplicar las contrarreformas laborales” y “remunicipalizar de los servicios públicos”.

De la misma manera, defender el “desarrollo de todos los servicios públicos posibles” supone hoy perder buena parte de servicios y que aparezcan como meros negocios; claramente hay que defender “no aplicar la LRSAL y mantener todos los servicios públicos existentes”. Siguiendo con cuestiones esenciales, decir “ningún gobierno con la derecha” es engañoso y genera confusión. De una manera muy clara se debe plantear que no se gobernará con PP, PSOE, ni con la derecha regionalista o cualquier otro que practique políticas de derechas. Una candidatura de ruptura no puede formar parte de un Gobierno con quienes apoyan el pago prioritario del déficit público, aprobaron durante décadas contrarreformas sociales, mantienen la monarquía y ni tan siquiera permiten el derecho a decidir.

En relación a los inmuebles municipales plantear “inversiones” y/o “parque de alquiler social” sin manifestar un compromiso sobre que los mismos no se vendan para la especulación del sector inmobiliario, resulta nuevamente un compromiso a medias.

De igual forma, cuestiones como el límite temporal en cargos institucionales, los ingresos que deberán tener o el sometimiento de los mismos al mandato de asamblea, son cuestiones que deben concretarse en la forma para que devengan una obligación. Programas que incluyen “limitar los ingresos de los cargos públicos” o “explicar la actuación institucional públicamente” sin concreción alguna no guardan relación con la ruptura; pueden ser progresistas y honestos pero no es lo que necesitamos en el actual momento.

Que nadie juzgue que lo anterior es una discusión por una palabra o por la colocación de una coma; no es una cuestión terminológica sino la diferenciación entre opciones políticas enormemente diferenciadas.

¿Radicalizar la democracia o democratizar la radicalidad?

Las candidaturas de ruptura estamos optando por utilizar una consigna de referencia que sin ser del todo incorrecta “radicalizar la democracia” ha sido compartida en su uso por máximos representantes del PSOE y el PSC. Más allá de la reflexión sobre qué significa realmente radicalidad democrática o si ello puede servir para solucionar los problemas fundamentales de la clase trabajadora y el conjunto de la sociedad, seguramente ahora lo que más necesitamos es “democratizar la radicalidad”.

Democratizar la radicalidad debe significar asumir un programa de transformación, discutirlo y desarrollarlo en una praxis colectiva. Lejos de mantener la realidad de la gran travesía del desierto de los años noventa, ahora existen amplias capas de activistas con voluntad de participar y un importante sector de la sociedad se encuentra a la espera de alternativas a sus problemas del día a día, al margen de los planteamientos de los partidos tradicionales.

Así pues, no podemos quedarnos para democratizar la radicalidad en una simple suma de los y las que ya están organizados. Necesitamos hacer partícipes de un programa a los sectores que lo demandan y no quedarnos en pequeñas reuniones de “élites o vanguardias”.

Será complejo y diferente el modo de construcción de las candidaturas pero debe combinar máxima participación y participación máxima. No sólo deben conseguirse asambleas masivas sino que deben buscarse y ponerse en práctica todos los mecanismos que faciliten la máxima participación. Cuestiones tan simples como una persona un voto y que todos los elementos centrales de la candidatura se decidan a través de la democracia directa, no sólo es un ejercicio de radicalidad democrática sino que nos permitirá demostrar que hay otra forma de funcionar separada de la “democracia” representativa. Deben crearse equipos de trabajo que conviertan las asambleas en decisorias.

De esta forma, consignas, programas y candidatos y candidatas deberán ser elegidos y determinados en asamblea y elecciones primarias. Deben ser, eso sí, primarias con voto real en urnas de quien reside en la localidad de la respectiva candidatura. Sin duda existen otras opciones telemáticas que se pueden convertir en falsamente democráticas y en las que incluso podría participar quien no tiene ninguna intención de participar en una asamblea.

El proceso de asambleas puede y debe ir acompañado de mínimas estructuras organizativas que asuman responsabilidades en fechas, logística, ritmos; deben constituir la sangre y el nervio que desarrolle el organismo. No nos debe provocar miedo la existencia de estructuras formales; lo que debe generarnos rechazo es la constitución formal o informal de camarillas, burocracias y órganos decisorios al margen de la asamblea. Hay que contemplar que la no formalización de estructuras provocaría la constitución de otras estructuras informales por parte de aquellos que tengan más medios, más tiempo o más apoyo de organizaciones preexistentes.

¿Momento histórico o a las puertas del reflujo?

Un gran número de compañeros y compañeras asumen y/o reproducen que nos encontramos en un momento histórico, elevando la expresión a la del Momento Histórico. Ello les hace vivir el proceso electoral municipal como determinante en un posible cambio social. En todo caso lo determinante no será el resultado electoral sino el papel paralizante o agitador que puede jugar en las movilizaciones de masas.

Los municipios son el ámbito donde podemos defendernos mejor y construir alternativas por diferentes cuestiones: más capacidad de movilización directa, de influencia política y de representación institucional. Quebrar el sistema desde la Unión Europea es harto complejo pero no desde el ámbito municipal, ya que en él se nos abren múltiples posibilidades de incidencia y no sólo por la correlación de representación institucional sino por la posibilidad fáctica de intervenir y construir alternativas a la par que espacios de unidad y poder popular.

Existe otro escenario en el que, en nombre de la unidad, se pueden forzar candidaturas que se llaman de ruptura pero que no construyan ruptura. Esto no supondrá una victoria en la mayoría de los casos y nos situará a las puertas de acelerar un proceso de reflujo.

Hasta ahora se está teorizando con un contexto de ascenso en las movilizaciones, giro a la izquierda y/o radicalización de la sociedad. Pero esta realidad no se eternizará y nos podemos encontrar con una nueva etapa de reflujo político. En un contexto en el que buena parte de compañeros/as pasen al tedioso y absorbente mundo institucional y no tengamos victorias materiales concretas con origen en las instituciones, se generará frustración y una aceleración del proceso de reflujo. Si no hay ruptura y alternativas no se realizará una lectura de acumulación de fuerzas sino de la enésima traición.

Por todo lo explicado anteriormente, lo determinante no es la creación de candidaturas unitarias sin más sino la creación de espacios de ruptura, pudiendo transformarse las primeras en el frente institucional.

No nos podemos plantear ganar para la gestión la miseria y las migajas del sistema; la auténtica victoria se construye con ruptura. Cada paso en espacios de unidad nos permite aumentar la capacidad de incidencia social. Cada actuación política en la que provoquemos hacer hegemónica la praxis de ruptura será una victoria política. Cada victoria política con programa de ruptura constituirá una plasmación material de mejora de las condiciones de vida. Cada victoria en las condiciones de vida desde la construcción colectiva será un paso a la libertad.

En definitiva y sin ánimo de ser pesado, insisto en las tareas: recuperación de hegemonía, consignas claras y alternativas materiales concretas a través de la ruptura.

30/9/2014

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