Menudencias de verano

El Lobo Feroz

La imagen del nuevo papa, al subir la escalerilla del avión para ir a Río, llevando por sí mismo una cartera abultada, habla elocuentemente: este papa no se fía, y no deja en manos de nadie los documentos más esenciales referentes a la reforma de la curia romana y de las finanzas vaticanas, y además lo deja ver. Acababan de meterle un gol, al recomendarle el nombramiento de un indigno para un cargo de confianza. Ha aprendido la lección. El espectáculo, si no se lo cargan como a Juan Pablo I, puede ser interesante.

Vargas Llosa, a diferencia de todo el mundo civilizado —lo que excluye, claro es, a la administración norteamericana—, considera a Snowden un traidor. El viejo amigo de la CIA, cuyas primeras novelas fueron extraordinarias, tan diferentes de las últimas, se alinea como les gusta a sus jefes.

Ahora resulta que el presidente del Tribunal Constitucional oculta al Senado que militó en el PP siendo juez, lo que está prohibido. Otro angelito. ¿Por qué ascienden tanto los angelitos? ¿Son de helio?

No era de helio el chico que se cayó desde un balcón al tratar de mejorar la cobertura de su móvil (¡esa peste del móvil!).

La ministra de la Sanidad actual, que lleva el oportuno apellido de Mato, excluye a las solteras de la reproducción asistida con cargo a la seguridad social. Inesperado, pero ¿sorprendente, tratándose de esa gente del PP?

La Mato es una de las responsables, probablemente no única, de la publicidad visual en las cajetillas de tabaco: imágenes que en algunos casos se acercan a la pornografía, sádicas, repugnantes, falsarias. Nada parecido en otros países de la UE. Las cajetillas que llevan esas imágenes deben ser rechazadas en los estancos.

Por cierto: Rajoy se cargó a la cúpula de los servicios antifraude del Estado (Víctor de la Morena y su equipo), y su ministro del Interior, siempre tan digno, al comisario jefe de la Unidad policial antifraude, José Luis Olivera. Por el caso Gürtel, claro. Así aprenderán los policías e inspectores fiscales a no investigar lo que no le conviene al gobierno.

Pero no es cierto, ni mucho menos, que Rajoy esté fracasando en política: ha conseguido un millón de parados más, reforzando el ejército industrial de reserva de trabajadores; casi ha liquidado la negociación laboral colectiva y ha reducido los costes laborales para el empresariado; ha eliminado miles de profesores de las enseñanzas públicas y su partido ha privatizado a su gusto la gestión de los hospitales, que ahora pueden utilizarse para la medicina privada; se ha conseguido que las listas de espera quirúrgicas se prolonguen, también para beneficio de la medicina privada; Rajoy tiene en su haber que las tarifas eléctricas españolas sean las más caras de Europa y reducir los ingresos reales de toda la gente corriente, empezando por los funcionarios y los pensionistas. Además, ha incrementado hasta tal punto la deuda pública que en el futuro será muy difícil que el Estado sostenga gastos sociales. Sus éxitos, pues, son muchos, y eso que aún no ha terminado la legislatura. La derecha española y el gran empresariado le estarán eternamente agradecidos. La mala opinión de Rajoy como político se debe a la ignorancia de cuál es su programa real.

El verano está para las menudencias, ¿no?

27/8/2013

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