Skip to content

La Biblioteca de Babel

Parásitos

De la indignación de ayer a la de hoy. Transformaciones ideológicas en la izquierda alternativa en el último siglo en Europa occidental

La historia falsa y otros escritos

¿Para qué servimos los filósofos?

El primer hombre

Tiempos de oscuridad. Historia de los golpes de Estado en América Latina

Defenderse del poder

Revista "Es hora"

La quinta Alemania

La comunicación jibarizada

Ciudades rebeldes

Perdida

Cosmopolíticas. Perspectivas antropológicas

El capitalismo en 10 lecciones

No me cuentes tu vida

El precariado

La negociación de la intimidad

El libro de los deberes

Los satisfechos

Qué hacemos para conseguir que la lucha por una vida digna incluya la exigencia de una muerte digna

Democracia Económica

Acusando desde la tumba

Chavs. La demonización de la clase obrera

La política del negocio. Cómo la Administración Bush vendió la guerra de Irak

Cambiar de economía / Qué hacemos frente a la crisis ecológica

El precio de la desigualdad

Alehop

Inventario de la casa de campo

Jueces, pero parciales

CT o la Cultura de la Transición

¡Banca pública! Rescatemos nuestro futuro

Una forma de resistencia (Razones para no tirar las cosas)

Producir para vivir

Política y República. Aristóteles y Maquiavelo

El fin de la expansión

Mongolia

La mejor manera de robar un banco es dirigirlo

La justicia de la República

Conversaciones con la izquierda anticapitalista europea

La mano invisible

La Sanidad está en venta. Y también nuestra salud

Desiguales

Confronting Equality

La muchacha del siglo pasado

Espejos. Una historia casi universal

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

+