Skip to content

Notas

El gobierno Maragall premia con la Creu de Sant Jordi los despidos masivos de obreros

La reforma de IRPF

La conquista de la luz

Una trabajadora doméstica, ministra del gobierno boliviano

La incapacidad de la política, la política de la incapacidad

Cajón Desastre

Cajón Desastre

Prohibamos la publicidad comercial

Movilizaciones de jóvenes

La complicidad europea

Cajón Desastre

VI Memorial Octavi Pellissa

Reformas y distribución de la renta

Política-ficción en torno al Estatut

Luna de abril

Reales Cordones

Marbella no es una anécdota

Chernóbyl y la ceguera tecnolátrica

Luna de marzo

Más cerca de la igualdad de género

La directiva "Frankenstein"

Pequeña Luna. Crónica de febrero de 2006

Las caricaturas de Mahoma

Sector energético y "opas"

Pequeña Luna. Enero de 2006

¿Quién conoce a Bubakar Diallo?

El acoso comercial

Los guardianes del “civismo” y el derecho a la ciudad

IRPF: neoliberalismo que no cesa

Sobre el ignominioso artículo 8

Breve luna de diciembre

El crimen de San Gervasio como síntoma

La Ley de Dependencia: socialdemocracia demediada

Preguntas a los Reyes Magos

El dolor de la guerra

Luna de noviembre. Crónica

Niños soldados y negocios

¿Es posible la expropiación de viviendas vacías?

La revuelta francesa

La enseñanza y las movilizaciones de la derecha

De luna a luna. Octubre de 2005

Sadam Hussein: un juicio tramposo

El Proyecto de Ley Orgánica de la Defensa Nacional: un paso más en la preparación de las guerras

Propuesta de contrarreforma laboral: más sacrificios para los trabajadores, más beneficios para la patronal

Vallas asesinas

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

+