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Notas

¿La Iglesia católica versus ciudadanía?

Venezuela en la encrucijada

Cuando la crítica quema

El rey súbdito

Enfermos mentales, discapacitados y orden público

Colombia: dos varas de medir el terrorismo

Sobre “La izquierda y el pacifismo”, de J.-R. Capella

Crónicas de la Barbarie: julio y agosto 2007

El acoso inmobiliario como vulneración del derecho a la vivienda

Salarios devaluados

Bullshit

Crónicas de la Barbarie: Junio de 2007

Un modelo energético 100% renovable

Cuatro décadas con Marat-Sade

Comercio de armas y secreto de estado

Educación para la Ciudadanía igual a Educación Socialsecreto

Grand Prix de la inconsciencia

Frontex, el instrumento del egoísmo colectivo de la Europa rica

Tras las elecciones municipales y autonómicas

Teatro de Variedades

Sociedad civil catalana, infraestructuras y crisis de la democracia: algunos cuentos chinos

La buena periodista

Las mujeres trabajadoras frente al derecho

¡Viva el Primero de Mayo!

Curso de economía recreativa

El suicidio en España

Terrorismo y antiterrorismo en España

La multinacional vaticana

Notas para la Luna de Abril

Hacia las lunas de marzo

El largo camino hacia la igualdad de género

Los vuelos secretos de la CIA en la UE

Informe Salud y género 2005

Okupas de pisos en Barcelona: leyendas urbanas y criminalización social

Alcorcón en cada barrio

El argumento bomba

Comentarios en la muerte de Pinochet

Sobre la Ley de la Memoria Histórica

Air Madrid: el sueño de los vuelos baratos

El Bloc de Notas de las Navideñas Navidades

La elitización de la universidad en Europa

Contra la judicialización de la política

El puzzle catalán

De desórdenes públicos, supuestas guerrillas urbanas y otras cosas

¿Guerra civil en Irak?

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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