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De otras fuentes

¿Democracia sin partidos?

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Dret a decidir? Així no, gràcies

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Dos pavos reales

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Dositeo Carballal (in memoriam)

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La clase trabajadora responde a la crisis

Cinismo en la era del declive

La UE, contra los derechos laborales

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La tiranía de la multitud

Chávez y Yeltsin

Protesta y profesionalidad

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¿A quién sirve el Banco Central Europeo?

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En un viejo país ineficiente

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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