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De otras fuentes

Guerra fría: entre la nostalgia y el futuro

'Caso Pujol,' ¿Y cómo empezó todo?

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Antisistema a mucha honra

La levedad de la recuperación

Entrevista a Gerardo Iglesias

Dos, tres... muchos Tonkín

En Telefónica, golpearemos juntas

Cuando las cosas estaban más claras

Por qué los informes del IPCC subestiman, sistemáticamente, la gravedad del cambio climático

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El atracón de deuda basura de los perforadores de esquistos para mantenerse en la rueda sinfín

Unas elecciones para siervos

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Organizar la transición a un nuevo régimen monárquico, objetivo de la "gran coalición" PP-PSOE

L'advocat del Col·lectiu Ronda Vidal Aragonés parla de les conseqüències de la reforma laboral

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Entrevista al historiador Giaime Pala sobre la situación política italiana

Plaza del Altozano, Triana

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Contra el europeísmo elitista

El Kaganato de Kíev y otras historias

El colapso de la producción

La Unión Europea: una nueva colonización

El cuaderno de Kíev

¿Europeísmo o democracia?

Aportaciones al debate de las elecciones europeas

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Radicalizar la imaginación democrática

Nuevos modelos de relaciones laborales de la burguesía, recomposición de clase y acción sindical

Unidad de la izquierda o ‘La vida de Brian’

Una carta de Calvino a Magris

Soberanismo económicamente dependiente

Entrevista a Gregorio Morán

Las lecciones de Gamonal

Cambio climático: últimas noticias sobre el fin del mundo

¿Para qué servirá bajar tanto los salarios?

Servir al enemigo guardando silencio

Un menú con alimentos kilométricos para Navidad

La memoria de habituación

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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