La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
El Lobo Feroz
Recortes alternativos
El gobierno catalán propone una serie de medidas para recaudar y enfurruñar más: un impuesto sobre los medicamentos, antesala del repago sanitario —que alegrará sobre todo a ancianos y enfermos crónicos—; un impuesto sobre el agua —que encantará a los que no se lavan—, etc., y más recortes salariales para los funcionarios públicos (o sea: maestros, personal sanitario, educadores, administrativos).
El Lobo sugiere otras medidas de contención del gasto y de incremento de la recaudación; por ejemplo:
-congelación de los gastos militares y tijera para ellos: que CiU apoye la medida
-sustitución de los coches oficiales por motos con o sin sidecar y tarjetas de bicing
-sustituir los perecederos y extraviables distintitivos identificativos de los mossos por tatuajes.
-sustitución de las tarjetas Visa o Master de los cargos públicos por tarjetas de débito facturadas a sus nóminas.
-eliminación de las autosubvenciones.
-eliminación de subvenciones para la promoción y difusión de la cultura de defensa y de la imagen de las Fuerzas Armadas [sic, eso existe], y cosas como éstas. Por ejemplo:
– las becas de colaboración «para llevar a cabo estudios relacionados con los diferentes ámbitos de actuación del Departamento de Innovación, Universidades y Empresa»; o las «subvenciones a la promoción y difusión del catalán en el exterior a través de las comunicades catalanas, casas regionales o, también, casals» (que el conseller Homs acaba de incrementar en un 107%).
-impuestos sobre embarcaciones de recreo y sobre amarres portuarios; sobre campos de golf y de tenis y sobre piscinas no públicas; impuestos sobre aviones y helicópteros privados, y sobre macrocoches, limousines y automóviles de lujo.
-Más IVA para la perfumería, el rimmel y otros productos de estética.
-impuesto sobre la publicidad de masas en prensa, radio y televisión.
-impuestos sobre el tarot, el espiritismo, la televenta y los anuncios XX.
-reconversión de los emolumentos de los cargos políticos cesantes (80.000 al año es demasiado) a la pensión media multiplicada por el logaritmo neperiano de e y dividido por la raíz cuadrada de los años de servicio, que así la gente tampoco se entera.
-además el gobierno catalán puede alquilar sus oficinas en el extranjero, prescindir de los servicios para la normalización lingüística (dándonos oficialmente por normalizados), vender en el mercat de Sant Antoni la ingente masa de publicaciones oficiales acumuladas en sus almacenes, y reconvertir estos últimos en centros de acogida para personas indigentes.
Es aconsejable estabilizar en cambio un cuerpo de correctores de estilo. La corrección del estilo, aunque los gobernantes no reparan en ello, parece fundamental.
29 /
11 /
2011