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Nueva York

Errata Naturae,

Madrid,

118 págs.

Antonio Giménez Merino

El joven y heterodoxo proyecto editorial Errata Naturae está recuperando con buen atino a autores pertenecientes a una tradición incómoda para el pensamiento social y académicamente ortodoxo. Se trata de autores de la importancia de Genet, Erice, Dos Passos, o Pasolini, del que bajo el título unificador de Nueva York publica dos textos (uno inédito hasta hace bien poco; el otro rescatado de Empirismo Eretico, importante compendio pasoliniano de ensayos sobre lengua, literatura y cine que permanece intraducido en nuestro país) relacionados con sus impresiones tras sendos viajes a Nueva York en 1966 y 1969, en plena efervescencia de los movimientos cívicos afroamericano, pacifista y estudiantil. De estos viajes surgió la idea de Pasolini de ambientar en Estados Unidos su proyecto cinematográfico San Pablo (Ultramar, Madrid, 1982) y también los versos inconclusos de Who is me. Poeta de las cenizas (DVD ediciones, 2002).

Pasolini halló en muchas buenas gentes de aquel Nueva York la expresión de la espontaneidad y sinceridad de la cultura popular italiana anterior al boom económico de los años sesenta. Pero también encontró las claves para interpretar el profundo conservadurismo de la sociedad bienestante norteamericana, vista desde Europa como un ideal de vida inscrito en la naciente sociedad de consumo. Ambas cosas son utilizadas por Pasolini para reflexionar sobre el racismo y el clasismo que le es inherente, lo que a mi modo de ver constituye la parte más interesante de los textos, por encima de las claves interpretativas de su propia obra que éstos ofrecen.

30 /

10 /

2011

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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