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La limpieza étnica de Palestina

Crítica (1ª edición de 2008),

Barcelona,

416 págs.

José F. Mota Muñoz

Acaba de aparecer en edición de bolsillo la obra más conocida de Ilan Pappé, el más consecuente de los denominados “nuevos historiadores israelíes”, que a partir de los años ochenta comenzaron a revisar de forma crítica la mitología en que se había convertido la historiografía israelí.

La obra narra el período de la partición de Palestina —“guerra de independencia” para los israelíes y “Nakba” (“catástrofe”) para los palestinos— rebatiendo el mito de que en 1948 los palestinos huyeron por voluntad propia de los territorios que hoy conforman Israel. Para ello Pappé ha buceado en los archivos israelíes y consultado memorias de líderes sionistas y fuentes árabes, demostrando que la expulsión de los palestinos fue un proyecto (Plan Dalet) urdido todavía bajo mandato británico y un “producto inevitable de la ideología sionista, que abogaba por un Estado exclusivamente judío en Palestina”.

Los paramilitares sionistas y, desde su creación, el ejército israelí hicieron un uso premeditado de la violencia y del terror, con matanzas y desplazamientos forzados de población, con el objetivo de “desarabizar” el territorio. La misión se cumplió en seis meses, al final de los cuales “se había desarraigado a más de la mitad de la población nativa de Palestina (cerca de 800.000 personas), destruido 531 aldeas y vaciado once barrios urbanos”. Asimismo, Pappé aborda el memoricidio de la Nakba, el olvido en que cayó este crimen contra la humanidad.

Se trata de un libro documentado y bien argumentado, fundamental para conocer el expolio sufrido por los palestinos por parte de Israel y las raíces del conflicto que se vive en la región.

4 /

2011

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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