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Con los perdedores del mejor de los mundos

Anagrama,

Barcelona,

Albert Recio Andreu

Wallraff ataca de nuevo. Una vez más el periodista de izquierdas vuelve a utilizar su vieja técnica del camaleón para meterse en las entrañas de la sociedad alemana y sacar sus trapos sucios. Sus aventuras en diversas empresas, como negro en un país de blancos, como sin techo en un país de ricos, permite desvelar los posos de explotación brutal, de estafa, de racismo, de exclusión que predominan en la sociedad alemana. Cualquier sociólogo de academia debería aprender de sus métodos de investigación. Muchos activistas pueden sacar ideas para acciones militantes. Más allá de servir para saber qué ocurre de verdad en espacios habitualmente fuera de foco, los trabajos de Wallraff son una invitación a la investigación activista, a denunciar con fundamento, a dar voz a los que no tienen posibilidades de hacerse sentir.

3 /

2011

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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