La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Louise-Michel
Francia,
Antonio Giménez Merino
Retrato inteligente, desternillante, libertario y negrísimo del desprecio hacia las personas que expresa el capitalismo transnacional (relocalizaciones exprés, paraísos fiscales, mano de obra de usar y tirar, ejecutivos criminales…)… y de la empecinada reacción que frente a ello adopta un grupo de mujeres despedidas. Es raro que una película de este género llegue a nuestras pantallas y más normal que dure poquísimo en ellas. Recomendable.
11 /
2010