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Todo lo que tú quieras

España,

Antonio Giménez Merino

Dudo que el nuevo film del director de El Bola y de Noviembre pase de esta semana en cartelera. No es un film reconfortante para el espectador. Y sería una lástima esperar a que salga en DVD o la echen por la tele para verlapues se trata de una película cuya profundidad, bien subrayada por la lúgubre luz oscura que lo domina y por la hondura de las interpretaciones, no se puede captar bien si no es en una sala de proyección. La nueva obra de Mañas es, como sus predecesoras, veraz y sincera: como ha sido divulgado, trata de la cuestión identitaria y de la homofobia, en el marco de una relación heterosexual normal alterada por un suceso imprevisto. Pero tal vez el mayor interés del film radique justamente en hacernos reflexionar sobre esos acontecimientos que inesperadamente se nos presentan para revelarnos lo limitado de nuestra experiencia y lo clasada e ideologizada que suele estar nuestra manera de mirar. La evolución del prota, un abogado pijo y bien casado, puede que resulte poco creíble, pero muestra el verdadero valor de la renuncia en unos tiempos poco dados a actos revolucionarios.

10 /

2010

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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