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De A para X. Una historia en cartas

Alfaguara,

Madrid,

Albert Recio Andreu

Recomendar a John Berger puede resultar redundante. Pero mejor pasarse por exceso que por defecto. La escritura de Berger es siempre interesante, pero creo que ésta es una de sus obras mayores. Por la forma en que está escrita, por la amplitud de temas que aborda. Por algo que siempre ha estado presente en su escritura como es la relación entre la vida cotidiana y la transformación social. Donde la búsqueda del placer no está reñida con la pretensión de conseguir un mundo mejor. Es, también, una magnífica novela de amor. Y una reflexión sobre las desigualdades del presente. Sobre la persecución implacable que se experimenta en algunos países (parece evidente que el libro se refiere a la represión en el mundo árabe). Sobre la urgente necesidad del cambio.

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2010

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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