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Albert Recio Andreu

Barcelona/Madrid-Madrid/Barcelona. 40 anys d'acció veïnal/40 años de acción vecinal

El día 27 de noviembre en Barcelona (Museu d’Historia de la Ciutat) y el 1 de diciembre en Madrid (Museo de la Ciudad) se inaugura la exposición que con el título que encabeza esta nota han montado conjuntamente la Federació d’Associacions de Veïns i Veïnes de Barcelona (FAVB) y la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM). La exposición estará abierta hasta el 1 de febrero en Barcelona y hasta el 15 de diciembre en Madrid, aunque posteriormente está previsto que circule en ambos casos por diversos barrios y poblaciones. Se trata de una exposición militante. Con un contenido claro: explicar a la gente que su lucha no ha sido en balde, que muchas de las mejoras conseguidas en los barrios lo han sido gracias a la movilización social. Que la ciudad sería otra si se hubiera dejado en manos de la iniciativa del capital o de las decisiones de una tecnocracia a menudo poco responsable de los intereses colectivos. Es un recordatorio de que vecinos y vecinas también hemos creado ciudad, posiblemente lo mejor de la misma, lo que ayuda a construir civilización y bienestar. Es también una forma de explicar que las cosas tienen su historia y que las luchas de hoy provienen de una tradición de respuesta social que aunque intermitente nunca desaparece. Y es también una llamada a la esperanza, a seguir en la brecha con reivindicaciones y propuestas de futuro.

Se ha hecho un enorme esfuerzo material, de mucho trabajo, para elaborar un material con buen contenido y forma. Un material que permite detectar cien victorias en cada una de las dos ciudades en las que la lucha vecinal ha jugado un papel crucial. Una exposición imprescindible para viejos y nuevos activistas sociales.

12 /

2009

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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