La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Por una universidad democrática
El Viejo Topo,
Mataró,
Josep Torrell
Va ya para cuarenta y cinco años que Paco Fernández Buey habla, escucha y convence acerca de lo que presenta ahora como título de su último libro: Por una universidad democrática. Eran los años sesenta, cuando Paco, como estudiante, fue uno de los fundadores del Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona. Eran los años setenta, y le encontramos haciendo la historia del movimiento estudiantil contra Franco (por ejemplo, coordinando los Documentos del movimiento universitario bajo el franquismo, un número extraordinario de Materiales aparecido en 1977). Después, el largo viaje de profesor no numerario hasta la cátedra de filosofía política en la Universidad Pompeu Fabra, pasando por la creación de las Comisiones Obreras de Enseñanza (que dividieron por dos a todos los miembros del PSUC, afectado ya de ceguera política).
Para muchos, la seguridad económica basta para olvidar los pecados de juventud. No es el caso de Fernández Buey. Mejor dicho: no lo es en absoluto. Al contrario: los años pasados han ido acumulando artículos y materiales cuyo fin sigue siendo el que propugnaba en los años sesenta, pero adecuado a los vientos que soplaban en la universidad. El libro no precisa prólogo, le basta su subtítulo: «Escritos sobre la universidad y los movimientos universitarios». Se podría añadir: «compendio».
Un compendio de la perseverancia y el espíritu crítico, que desafía los criterios impuestos por los ministerios de universidades (su «catecismo ministerial» como bien dice), cuya lucha más reciente ha sido contra del «plan Bolonia». Los planes del gobierno no vienen de ayer; pero la lucha contra ellos tampoco. Por una universidad democrática es también la historia de los otros: la historia de los de abajo, que ven el camino hacia el conocimiento plagado de alambres de espino (perdón: «requisitos académicos»).
El malestar y la pasión por ver otra universidad distinta, coadyuvan potentemente para hacer de este libro una lectura necesaria (y, digámoslo claro, no sólo para los estudiantes universitarios).
12 /
2009