La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Trabajo y sufrimiento. Cuando la injusticia se hace banal
Modus Laborandi,
Madrid,
216 págs.
Antonio Madrid
Este libro aborda dos cuestiones: la creciente aceptación de las injusticias en las sociedades contemporáneas y el trabajo (en especial la organización y gestión del trabajo) como fuente de sufrimiento. Para abordar estas cuestiones el autor utiliza investigaciones de campo hechas desde los años 80 en empresas francesas.
Más allá de las polémicas que este libro puede generar, especialmente cuando para analizar la experiencia neoliberal la compara con los tiempos del nazismo, su lectura resulta interesante y provocadora, en el mejor sentido de la expresión. Leyéndolo encuentras explicaciones plausibles al incremento de suicidios en el puesto de trabajo (por ejemplo, en France Telecom), al silenciamiento del padecimiento relacionado con el acceso, el mantenimiento y las condiciones de trabajo, y a lo que el autor llama la colaboración en sistemas laborales manifiestamente injustos.
No se aborda en el libro la actual crisis, ni sus efectos sobre los trabajadores. Sin embargo plantea líneas de reflexión sobre la práctica de los trabajadores, los sindicatos y las organizaciones de izquierdas que son necesarias. No es poco para un libro.
10 /
2009