La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
La era del guerrero
Destino,
Barcelona,
340 págs.
Antonio Madrid
Fisk es sin duda uno de los periodistas que con mayor rigor y claridad escribe sobre los atropellos que asolan Irak, Afganistán y Palestina. Sin pelos en la lengua, no sólo explica lo que ocurre, sino que pregunta por las causas. En este libro se recogen artículos suyos publicados durante los últimos años (finaliza en diciembre 2007). Aporta información de primera mano, contradice y cuestiona las versiones oficiales, se enfrenta a la mendacidad de la clase política, analiza el lenguaje periodístico y el mundo del miedo en el que nos hallamos sumergidos. El título del libro responde al ascenso del credo del guerrero: todo vale con tal de vencer, incluida la barbarie.
9 /
2009