La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Volviendo a casa
El perro Gógol: perro, peliculero y prosoviético
Estáis de suerte, qué duda cabe. ¿Os acordáis de Viento de tierra de Vincenzo Marra? La que iba de un pobre soldado napolitano contaminado en Serbia por las bombas de los norteamericanos, ¿os acordáis? Era muy buena, pero que muy buena. Era la segunda. La primera era Volviendo a casa (2001), que seguía tocando lo mismo: el Mediterráneo como fuente de conflictos. Pescadores, lucha de clases, inmigración ilegal, y un final para interrogarse: cómo se vive al otro lado. Por la forma, no os preocupéis: ha estudiado en Cuba, y sabe lo que se trae entre manos. De verdad.
Almas áridas, lo siento: tenéis que ir. Guardad el Bel Ami de Guy de Maupassant para otro día: me lo agradeceréis (o quizás no, pero es igual). Esto sí: sólo la hacen dos días. Así que tomad nota:
Tornando a casa / Volviendo a casa
Filmoteca (Avenida de Sarrià núm. 33)
Sábado, 9 de mayo, a las 22 horas
Domingo, 10 de mayo, a las 19:30 horas
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2009