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Mariano Maresca

Las dos Gomorras

Ha salido una edición económica de Gomorra, el extraordinario libro de Roberto Saviano sobre la Camorra napolitana y, en realidad, sobre algo más importante: la sustitución del Estado por la Camorra en funciones esenciales de cualquier sistema social. Compren el libro y léanlo con atención, sin dejar que lo bien escrito que está les haga ir más rápido de lo conveniente. Cuando lo hayan acabado serán un libro más sabios y un disgusto más viejos. Después, vean la película del mismo título de M. Garrone hecha a partir del libro y se llevarán dos sorpresas mayúsculas. Primera: quien no haya leído el libro difícilmente podrá entender (y mucho menos calibrar su alcance) episodios como, por poner un solo ejemplo, el de una extraña subasta de patrones de costura, que en el libro se traduce nada menos que en la denuncia de la articulación con el poder mafioso del ciclo completo de la producción, financiación y diversificación en distintos mercados de toda la industria de la moda y el made in Italy, Segunda sorpresa: en la película no verá ni a un policía ni a un periodista ni a un político, mientras que en el libro su presencia es la clave de muchas cosas. Caben más objeciones, igualmente graves: en la película no hay rastro de la abundante reflexión de Saviano sobre los cambios del papel de las mujeres en la Camorra; la conexión de narcotráfico y tráfico de armas se simplifica en extremo, etc. En fin: nadie se va a atrever a decir que Gomorra es una película fallida y hasta muy cuestionable porque Saviano está viviendo una situación intolerable. Pero eso no debiera cegarnos. Lo dicho: lean el libro.

12 /

2008

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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