La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Lo que en nosotros vive
Tusquets,
Barcelona,
J-R. C.
El autor de esta autobiografía es hijo del alcalde de Granada asesinado por los franquistas y sobrino carnal de Federico García Lorca. Las ciento y pico primeras páginas del libro tienen gran interés por describir el ambiente familiar del que ha sido amputado Federico y el exilio familiar a Norteamérica, harto el padre del poeta de “este jodío país”. También tiene interés por relatar aspectos de la vida de los exiliados intelectuales republicanos en los Estados Unidos. Más adelante la capacidad de la narración para interesar al lector se diluye bastante, al ser el Fernández-Montesinos adulto un representante bastante característico de la cultura del Psoe de Felipe González, partido por el que fue varias cositas.
12 /
2008