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El chino

Tusquets,

Barcelona,

471 págs.

Juan-Ramón Capella

A los aficionados a la novela negra seguidores de Mankell les complacerá este nuevo libro suyo. El autor parece seguir ahora las huellas de John Le Carré, y urde una interesante trama en la que salen a colación cuestiones nada despreciables para los lectores de la izquierda social: desde una visión muy certera de la construcción de los ferrocarriles intercontinentales norteamericanos en el siglo XIX a las encrucijadas de las políticas desarrollistas de la China contemporánea. No faltan reflexiones de Mao Zedong que obligan a pensar.

12 /

2008

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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