La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Crematorio
Anagrama,
Barcelona,
Albert Recio Andreu
Ya hace tiempo que vengo recomendando a este autor. Creo que es una lectura imprescindible para reflexionar sobre nuestra historia reciente. La del país y la de la izquierda. Especialmente la de clase media, que el autor parece conocer de cerca. En este caso utiliza la situación causada por la muerte de una persona (ex militante del PCE, de la izquierda radical y finalmente agro-ecologista) para crear un entramado de diálogos interiores de las personas que forman parte de su círculo familiar. Y lo que nos explica, sin maniqueísmos, con cierta ternura hacia los personajes, es el entramado social de la costa alicantina, la de la especulación inmobiliaria y el consumismo. Una reflexión necesaria y una prosa magnífica. Imprescindible. Para neolectores de Chirbes, tan recomendable como La larga marcha.
3 /
2008