La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Sueños para marginados
El Andén,
Barcelona,
139 págs.
Antonio Madrid
El retrato de una joven argelina que pese a ocupar posiciones subsidiarias en la sociedad francesa se niega a tirar la toalla, de esto trata el libro. Dicho de otra forma, el texto expresa con un estilo directo y, en ocasiones, excesivamente plano, la vida de un joven a la que le ha tocado vivir el difícil papel de bisagra entre la exclusión y la promesa de integración; entre su padre y hermano migrantes como ella y una sociedad degradante. El libro tiene interés, sin ser una gran obra. La versión castellana tiene bastantes errores de distinto tipo que deberían haberse corregido.
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2008