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Iluminados por el fuego

Cameo,

Argentina,

Carles Mercadal

Una película que pasó bastante desapercibida en su momento, pero que destaca con luz propia (valga la redundancia) entre los filmes costumbristas a que nos tiene acostumbrado el cine argentino y entre los filmes engañosamente antibélicos que últimamente nos llegan desde Hollywood. Digamos, en este último sentido, que Iluminados por el fuego, que narra la historia de dos muchachos argentinos llevados a la carnicería de otro conflicto bélico sumido en el olvido, el de las islas Malvinas, prescinde del efectismo propio de producciones como las de Clint Eastwood (sobre todo el desplegado en Banderas de nuestros padres) y nos adentra en el corazón del infierno que es siempre una guerra, en el desgarro tanto de la carne en el campo de batalla como del espíritu pasados ya muchos años desde la finalización de la contienda. Iluminados por el fuego es por todo esto, y por su emotivo (que no lacrimógeno) final, una de las películas antibélicas más sinceras que se han hecho en muchos años.

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2008

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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