La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Memoria del saqueo (2004) y La dignidad de los nadies (2005)
Cameo,
Barcelona,
Fray Metralla (secretario general de la Oficina Soviética para el Cine)
Estas dos películas son una. Memoria del saqueo es la pormenorizada descripción de la oleada neoliberal en Argentina hasta el 20 de diciembre de 2001, en que el pueblo se hartó, se movilizó y se marcó un tanto haciendo dimitir al presidente. La segunda, La dignidad de los nadies, parte de esa victoria popular, y sirve para buscar los puntos de resistencia que pueden hacer un mañana más esperanzador: de los comedores populares a una fábrica ocupada, pasando por un hospital que sale a la calle a pedir medicamentos (porque no los tiene para los indigentes). La primera es austera (como La hora de los hornos, vamos). La segunda, digámoslo claro, te va a joder. Llorarás. ¡Vaya si llorarás! De rabia y de alegría. Llorarás de rabia cuando veas cómo malviven los argentinos. —¡Ah!, ¿pero se trata sólo de argentinos?— que no son políticamente nada; los argentinos que protagonizan esta película militante: como los ha bautizado Solanas, los nadie. Llorarás de empatía, cuando veas que los humillados y ofendidos se unen en un movimiento imparable. Llorarás en vez de reír, porque tú eres un compatriota de los beneficiaros del saqueo: ¿no te suenan Repsol o Telefónica? A los argentinos también, pero como saqueadores y ladrones de su riqueza nacional, como multinacionales ávidas de dinero fácil. Ahora, límpiate los mocos. Y dime: ¿que haces tú contra la mundialización? Porque ver buenas películas —como éstas— no basta. Que lo sepas.
9 /
2007