La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Lecturas de filosofía moderna y contemporánea
Trotta,
Madrid,
Juan-Ramón Capella
Este libro de escritos de Manuel Sacristán Luzón, cuya edición ha sido cuidada hasta el menor detalle por Albert Domingo, reúne algunos de los trabajos más técnicos de su filosofar, en particular los dedicados a Leibniz, principalmente de su etapa de juventud, junto con otros escritos filosóficos muy juveniles y unos pocos de su última época, caracterizados en su mayoría por la preocupación epistemológica. Varios de los textos permanecían inéditos y otros sólo habían sido publicados como artículos de revista. Con esta edición, y a falta de una completa edición crítica de la obra de Manuel Sacristán, el lector interesado en ella tiene acceso a algunos documentos clave para comprender la abarcante dimensión de su pensamiento.
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2007