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Antonio Madrid

Informe Salud y género 2005

Salud y Género 2005, Observatorio de la salud de la mujer, 2006, 112 págs. www.msc.es/organizacion/sns/planCalidadSNS/docs/informe2005SaludGenero.pdf

El Observatorio de salud de la mujer ha publicado recientemente su informe Salud y Género 2005. Se trata de un estudio introductorio acerca de los índices de salud aplicados a mujeres y hombres, teniendo en cuenta la perspectiva de género.

En concreto, este informe quería analizar cómo influyen las desigualdades de género y clase social en la salud de las personas. Sin embargo, acaba siendo una recopilación expositiva de datos que se queda a medio camino. Se echa de menos, incluso en la bibliografía consultada, trabajos notables sobre la materia como el de Joan Benach y Carles Muntaner (Aprender a mirar la salud. Cómo la desigualdad social daña nuestra salud, El Viejo Topo, Barcelona, 2005).

En el informe, el concepto de género se entiende y utiliza como un concepto relacional que se centra en las relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres. Pero las desigualdades, además de darse entre hombres y mujeres, también se dan entre mujeres y mujeres y entre hombres y hombres. Sin este planteamiento más abierto, y más complejo, se corre el peligro de simplificar las cuestiones quedándose en la epidermis de los problemas. Por otra parte, el estudio no aporta dato alguno acerca de la salud de lesbianas, gays, y mujeres y hombres transexuales.

No obstante esto, el informe aportan dato que se han de tener en cuenta ya que vuelven a incidir en una cuestión fundamental: la buena o mala salud de las personas, así como el acceso a los servicios sanitarios (cuando éstos existen y mantienen un grado de eficacia aceptable), están ligados a las condiciones sociales, culturales, laborales, económicas y políticas en las que viven las personas.

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2007

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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