La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
André Téchiné
Les temps qui changent
Francia,
2004,
Antonio Giménez Merino
La nueva película de André Téchiné nos sitúa ante un espejo que permite contemplar las distancias entre la vida (personal, profesional) que tenemos y nuestras verdaderas querencias. Los personajes se ven abocados a decidir entre la conservación y la transgresión de la norma social impuesta de vivir al día, que lleva a acomodar la conciencia a los hechos consumados. El film conserva las constantes de la magnífica filmografía de Téchiné, donde culturas, generaciones, clases y gustos sexuales aparecen mezclados y enfrentados, poniendo de relieve la problemática conformación de la propia identidad.
5 /
2006