Skip to content

La democracia. Historia de una ideología

Crítica,

Barcelona,

340 págs.

José Luis Gordillo

Este es, sin duda, un libro del que se puede decir de entrada que goza del don de la oportunidad. Cuando en nombre de la «democracia» se tortura, se invaden países, se miente sin rubor o se suprimen de un plumazo viejas conquistas sociales, nada más indicado que proponer una revisión en serio de la historia de esa vieja aspiración humana. Pero esta sólo es, sin embargo, una de las muchas bondades de este libro y, seguramente, también es la menos relevante porque no estamos ante un libro de ocasión, ni de intervención inmediata y despliegue rápido ante una situación mundial que se va degradando de forma acelerada a ojos vista. Se trata, más bien, de un libro que va a ser de cita obligada a partir de ahora.

Decía hace muchos años E. P. Thompson que hasta los mejores filósofos tienden a simplificar en demasía los sucesos históricos. Una gran verdad. Aunque si eso se puede predicar de los mejores filósofos, no digamos ya de los mediocres, de los divulgadores del último bostezo del filósofo académico de moda o de una parte considerable de los llamados «científicos de la política». No es el caso de Luciano Canfora. Partiendo de la Grecia antigua y llegando hasta la actualidad, Canfora enhebra una interesantísima reflexión sobre las prácticas democráticas cuidadosamente pegada al terreno histórico. El resultado es una verdadera «joya», recomendable tanto a lectores jóvenes como a personas más adultas especialmente interesadas en este asunto, que no deja de ser, después de todo, «el asunto» por antonomasia.

1 /

5 /

2005

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

+