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Ensayo sobre la lucidez

Alfaguara,

Madrid,

424 págs.

María Rosa Borrás

Fábula sobre una democracia amenazada por un hecho inexplicable para el gobierno de una nación: la coincidencia de unos ciudadanos que deciden no participar en las elecciones municipales. Y a partir de ahí, se desarrolla el relato en el que se contrapone la intriga en la cúpula de los gobernantes y las averiguaciones que un comisario ha de realizar en la búsqueda de los culpables de semejante desatino, es decir, la búsqueda de los elementos «antisistema».

El narrador de la fábula entra y sale del presente que narra; incorpora sus propias reflexiones como si fueran las de algunos protagonistas concretos e inserta fundidos, casi sin solución de continuidad, comentarios de carácter general que exceden del relato propiamente dicho. Por esto me parece que el título está justificado: aunque el relato siga los esquemas típicos de una novela, esta obra es también un ensayo que persigue aclarar los mecanismos que conducen excepcionalmente a la lucidez.

La lectura resulta amena gracias, en parte, al recurso de una intriga en la que el lector se siente atraído. Cada episodio aporta elementos nuevos que mantienen el interés por conocer el desenlace de una situación angustiosa y absurda que presenta mucho parecido con las formas actuales de autoritarismo disfrazado de libertades democráticas. Y el desenlace, como es habitual en Saramago, deja muchas cosas indefinidas, aunque en este caso sí queda claro quién, cómo y por qué recurre al crimen.

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5 /

2005

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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