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Raül Digón

El mundo laboral en el teatro

"El método Grönholm" y "Almacenados"

Durante los últimos meses las salas de Barcelona han acogido dos representaciones centradas en la problemática laboral. El método Grönholm, de Jordi Galcerán, escenifica una agresiva entrevista de trabajo para acceder a un puesto como directivo de una multinacional, en la que el aspirante se somete a duras pruebas —inspiradas en métodos reales— para medir su resistencia y habilidad para el engaño. Aunque el candidato se va mostrando fuerte, se desmorona ante el detallado repaso de los momentos más desafortunados de su trayectoria vital, desbaratando de este modo todas sus posibilidades. Almacenados, de David Desola, transcurre durante la semana previa a la jubilación de un responsable de almacén que enseña el oficio a su joven sustituto. Sus diálogos reflejan las dificultades de la comunicación intergeneracional y el absurdo de la situación de partida (un almacén donde ningún camión descarga nunca nada). A su vez, enfrentan al viejo con su realidad, triste y antigua, consistente en una tarea vacía de contenido real pero pautada por una rutina de ficha, almuerzo y salario miserable, que trasciende el ejemplo concreto y sirve como metáfora de la desazón y el vacío existencial que —autoengaños al margen— acompañan a la gran mayoría de trabajos.

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2005

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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