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El secreto de Vera Drake

Albert Recio Andreu

El nuevo film de Mike Leigh constituye otra de sus preciosas construcciones en las que se mezclan una aguda percepción de la estructura social con el análisis de la vida familiar. Al fn y al cabo la vida familiar sigue constituyendo uno de los aspectos básicos de nuestras vidas y su análisis nos permite detectar elementos cruciales de las mismas. En este caso lo que se nos presenta es un cuadro bastante preciso de una familia británica de clase obrera en un contexto concreto, el de la Inglaterra de principios de los años cincuenta, el período del pleno empleo, de los primeros atisbos de consumismo y de pervivencia de un modelo tradicional de división por género (las profesiones y roles de los distintos miembros de la familia constituyen al respecto un cuadro preciso de la situación). En este contexto se introduce una cuestión crítica. Vera Drake no es sólo una ama de casa (y trabajadora de limpieza a domicilio) amorosa y solidaria con sus vecinos, es también una mujer que practica abortos clandestinos a otras mujeres que lo necesitan. Y la situación explica, sin subrayados innecesarios, pero con una contundencia clara, cómo se combinan las desigualdades de género y clase, cómo responden las instituciones y las clases dominantes frente a individuos de grupos sociales distintos. Y cómo, cuando la actividad de Vera se descubre, la misma familia es golpeada por el conflicto entre los valores hegemónicos y una visión solidaria de la sociedad. Vera Drake es, sin gritarlo, un precioso grito por el derecho de las mujeres al control de la sexualidad y de los pobres a una vida digna. Es, al mismo tiempo, un magnifico retrato social de la clase trabajadora de un tiempo y un lugar concretos.

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2005

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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