La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Cosas del mundo nuevo
La Universidad de Barcelona difunde un cuestionario para facilitar la colaboración entre el profesorado y los medios de masas, o sea, las televisiones. En el cuestionario los profesores han de dar sus datos y luego han de optar entre diversas modalidades de colaboración. Entre otros renglones del cuestionario (traduzco literalmente del catalán, que en este caso es mejor) figuran los siguientes: «Sólo colaboraré con un medio de comunicación si es cobrando», «Acepto colaborar y no tengo ningún inconveniente en que me llamen directamente», etc. Luego esta universidad tan adaptada al mundo globalizado solicita los datos bancarios para el pago: «Datos para el pago (Datos de uso interno que nunca se harán públicos)». La universidad misma se ofrece para actuar de intermediario entre unos y otros.
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2005