La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Una nihilista
Maldoror,
Montserrat Sendra
Este libro es una autobiografía camuflada, convertido en novela y desdoblada. Sofia Kovalevskaia fue una notable matemática (la primera mujer doctor en esa materia en una universidad rusa) a la vez que una militante social del siglo XIX. No tendría mayor relevancia que tanta prosa decimonónica a no ser porque empieza por el relato del día de la emancipación de los siervos en 1860 y sigue con el endeudamiento de los propietarios rurales, bien descrito y de utilidad para la escuela. El itinerario de Vera (la doble de la autora) es a la vez típico y ejemplar, hecho de entrega y sacrificio (inusual), ofrecido como pauta de conducta a las mujeres en vías de emancipación. Siglo y cuarto más tarde, se lee con interés pero con distancia por un tiempo en que la izquierda estaba imbuida de optimismo.
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2005