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Guerreros. Reflexiones del hombre en la batalla

Inèdita Editores,

Barcelona,

254 págs.

Antonio Madrid

Hannah Arendt al prologar este libro dijo que era un texto importante que había pasado desapercibido. No es mala carta de presentación para un libro escrito por una persona que buscó claridad en su reflexión sobre la experiencia humana de la guerra. Se nutre principalmente de las anotaciones que durante la Segunda Guerra Mundial fue haciendo en sus diarios: observación del comportamiento de las personas y del suyo propio ante la destrucción, el miedo, la muerte, el lenguaje utilizado, el sentimiento de culpa.

Está escrito con un estilo directo y nada concesivo a moralinas de escaparate. Los más de cuarenta años que lleva escrito no le restan actualidad, a ello contribuye sin duda la hegemonía del belicismo.

2 /

2005

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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