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Josefina L. Martínez

Sobre feministas imperiales y trabajadoras que pueden ganar

Cuando Annalena Baerbock del Partido Verde asumió la cartera de Relaciones Exteriores de Alemania dijo que iba a hacer una “política exterior feminista”. Ahora es parte de un gobierno que ha triplicado su presupuesto militar y avanza en el rearme más importante desde la posguerra. El gobierno de coalición de Pedro Sánchez llegó anunciando el gobierno más feminista de la historia, ya no sé si lo recordáis. Tan solo en los últimos días ha aumentado el presupuesto militar, ha pedido “sacrificios” a la población trabajadora y ha otorgado apoyo explícito a la ocupación colonial de Marruecos en el Sáhara Occidental. 

Cuando la invasión a Irak se encontraba en su apogeo, emergió lo que la feminista norteamericana Zillah Eisenstein denominó un “feminismo imperial”. En nombre de la “defensa de las mujeres”, con la figura de Hillary Clinton como emblema, se justificaron invasiones a países como Irak o Afganistán. La contracara era la utilización de mano feminizada a bajo costo por parte de las grandes multinacionales. Ya fuera en el sur global, con la instalación de polos industriales con condiciones laborales del siglo XIX. O en los países centrales, mediante la precarización de una mano de obra feminizada, racializada y migrante. La feminista italiana Sara Farris lo definió como “femonacionalismo”. La convergencia entre sectores de la extrema derecha, políticos neoliberales y ciertas feministas liberales para desarrollar campañas racistas en nombre de los “derechos de las mujeres”. 

El argumento no es nuevo, todas las grandes empresas coloniales europeas se apoyaron en discursos “civilizatorios” y la socialdemocracia se adaptó. En el Congreso de Stuttgart de 1907, que agrupó a cientos de delegados de los partidos socialistas de todo el mundo, hubo una gran polémica alrededor de la cuestión del colonialismo. El ala derecha del Congreso, representada por el delegado David de Alemania, llegó a plantear que Europa “necesitaba” más colonias. Por su parte, Eduard Bernstein sostuvo que “una cierta tutela de los pueblos civilizados sobre los pueblos no civilizados” era “una necesidad”. La posición de la izquierda antiimperialista la defendieron entonces Rosa Luxemburgo y Lenin, y lograron que se aprobara, por escasa mayoría, una resolución contra el colonialismo y la guerra.

En 1914, la pulsión imperialista de las grandes potencias llevó a la guerra mundial por el reparto de los mercados coloniales. La socialdemocracia traicionó la causa del socialismo y la clase obrera internacional, apoyando los créditos de guerra. Eligieron la alianza con su propia burguesía nacional y promovieron la “paz social” interna para no desestabilizar a sus gobiernos. Hacía falta “sacrificarse” por el bien de la “civilización” (¿Os suena este discurso?) El movimiento sufragista también se dividió, y muchas feministas apoyaron la guerra colonial de sus propios Estados: eran feministas imperiales. Sin embargo, otras siguieron luchando por un feminismo internacionalista, como hemos contado aquí.

La partición de la izquierda entre aquellos que adhirieron al nacionalismo imperialista y las corrientes internacionalistas no terminó allí. Durante los años treinta, los partidos estalinistas llamaron a apoyar a los imperialismos “democráticos” contra el fascismo. Entonces, el revolucionario negro CRL James denunció este tipo de posiciones. A propósito de la invasión de Mussolini a Etiopía, James escribió: “Luchemos no solo contra el imperialismo italiano, sino también contra los otros ladrones y opresores, el imperialismo francés y británico. No dejes que te arrastren. Entrar en la órbita de la política imperialista es debilitarse por el hedor, ahogarse en el pantano de la mentira y la hipocresía.”

Pero, ¿a qué viene este recorrido histórico? Pienso que, si miramos un poco hacia atrás, el apoyo del gobierno “progresista” a la ocupación colonial del Sáhara Occidental por parte de Marruecos no sorprende del todo –sin por eso generar menor indignación–. Sin embargo, la participación de quienes se consideran feministas o de izquierdas en este gobierno, por más que cuestionen las decisiones de Sánchez, termina siendo un punto de apoyo para su política. Parafraseando a Rosa Luxemburgo, podríamos decir que la participación de un ministro de izquierdas en un gobierno de la OTAN no transforma a ese gobierno en algo un poco más democrático. Sin embargo, ese ministro (o ministra) de izquierdas termina siendo representante de los intereses de la OTAN.

El pasado sábado 26 de marzo miles de personas se manifestaron en apoyo al pueblo saharaui para defender su derecho inalienable a la autodeterminación y denunciar la política colonialista del Gobierno español frente al Ministerio de Asuntos Exteriores. Para el 3 de abril, una recientemente formada Asamblea Popular contra la Guerra convoca a movilizarse contra la invasión rusa a Ucrania, pero también contra la intervención de la OTAN. Allí estaremos. Es lo que corresponde a quien se considere mínimamente democrático, feminista o de izquierdas.

Las trabajadoras también pueden ganar

Termino esta breve columna compartiendo una gran alegría. Las limpiadoras del museo Guggenheim de Bilbao, después de nueve meses de huelga indefinida, han logrado un triunfo muy importante. Con su lucha, han impuesto a Ferrovial una subida salarial del 20% y una limitación de la contratación parcial. No hace mucho, dialogamos con ellas aquí y apuntamos la importancia de estas luchas para un feminismo de clase. Hoy celebramos este logro, que muestra que las trabajadoras también pueden ganar. Frente a la resignación que nos proponen desde arriba, existe un camino alternativo. ¡Zorionak!  

Josefina L. Martínez es autora de No somos esclavas. Huelgas de mujeres trabajadoras, ayer y hoy, 2021

[Fuente: ctxt]

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2022

La barbarie está inscrita en el concepto mismo de la cultura: como concepto de un patrimonio de valores que es considerado independiente no del proceso de producción en que los valores nacieron, sino de aquel en que perduran. De este modo, por bárbaro que pueda ser, sirven para la apoteosis de este último.

Walter Benjamin (1892-1940)

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