La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
El Lobo Feroz
Mercromina para naufragios
Cuentan siempre la historia que no es. |
La familia es ambivalente: socializa, pero integra. |
Al volver de la escuela conviene ducharse frotando especialmente las ideas. |
No hay que ver la televisión, aunque se puede observar de vez en cuando. |
Siempre viene bien reflexionar sobre el amueblamiento de la propia casa. |
Nunca llegarás a nada, pero date el gustazo de ir. |
No hagas favores, que nunca te los perdonarán. |
Cada máscara con el que la lleva. |
Hay deudas traslaticias, por naturaleza no pagaderas a los acreedores originarios. |
En la cucaña no hay juego de equipo. |
No tapar la propia voz a voces. |
En caso de perplejidad moral vale la estética. |
Los espejos inhabituales funcionan mucho mejor que los de siempre. |
La mirada retrospectiva del mutante es de rechazo pero también de compasión. |
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2005