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El Lobo Feroz

Mercromina para naufragios

Cuentan
siempre la historia
que no es.
La familia
es ambivalente:
socializa, pero
integra.
Al volver de la
escuela conviene
ducharse frotando
especialmente las
ideas.
No hay que ver
la televisión, aunque
se puede observar
de vez en cuando.
Siempre viene bien
reflexionar sobre
el amueblamiento
de la propia casa. 
Nunca llegarás
a nada, pero date
el gustazo de ir.
No hagas favores,
que nunca
te los perdonarán.
Cada máscara
con el que la lleva. 
Hay deudas
traslaticias,
por naturaleza
no pagaderas a los
acreedores
originarios.
En la cucaña
no hay juego de
equipo.
No tapar la propia
voz 
a voces. 
En caso de
perplejidad moral
vale la estética.
Los espejos
inhabituales
funcionan mucho
mejor que los de
siempre.
La mirada
retrospectiva
del mutante es
de rechazo pero
también de
compasión.

1 /

2005

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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