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Antonio Antón

Izquierda y frente amplio

Este ensayo tiene dos partes. En la primera analizo la relevancia de este rasgo ideológico y sociopolítico, convenientemente renovado y combinado con otras identificaciones, para explicar las características de las fuerzas progresistas y sus electorados de una forma multidimensional, junto con las particularidades y la comparación entre los distintos líderes y corrientes en el seno de las izquierdas estatales: Partido Socialista, Unidas Podemos y sus confluencias (En Comú Podem y Galicia en común) y Más País-Mès Compromís. Se trata de valorar no solo quién está a la izquierda de quién y su paradójico significado, sino los rasgos diferenciadores entre ellas. En la segunda expongo varias valoraciones para contribuir al debate sobre el proyecto de nueva articulación del llamado frente amplio liderado por Yolanda Díaz, que a mi parecer debería articular tres dinámicas combinadas respecto de la izquierda y su experiencia reciente: ampliación, renovación y superación.

I. LA IZQUIERDA SOCIAL Y POLÍTICA

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) proporciona los estudios demoscópicos más amplios para analizar la sociedad española. En particular, en sus sucesivos Barómetros y estudios electorales, nos proporciona abundantes datos sobre la percepción de los principales problemas de la población vinculados a sus perfiles político-ideológicos, con sus preferencias de voto y sus características sociodemográficas.

Hace un año, en el libro Cambios en el Estado de bienestar publiqué una amplia investigación sobre ello, centrándome en el análisis de los electorados progresistas (según su voto en las elecciones generales de noviembre de 2019) y, específicamente, en la comparación de las bases sociales de Partido

Socialista y Unidas Podemos y sus confluencias. Así mismo, en el libro Perspectivas del cambio progresista detallo las características sustantivas del espacio violeta, verde y rojo en el marco de las dinámicas sociopolíticas transformadoras en España.

Ahora profundizo esos análisis con los datos del estudio 3344, de su Barómetro de diciembre de 2021. El CIS diferencia, adecuadamente, dos dimensiones de la percepción ideológica con la que se ubican las personas.

En primer lugar, la constatación de la dimensión de los tres grandes bloques ideológicos en el convencional eje Izquierda (1) / Derecha 10), sobre el que se define el 94% de la población (sólo el 6% contesta que No sabe / No contesta); significa que, a pesar de ciertos cambios en la cultura política, sobre todo en la menor densidad dada a esos conceptos, todavía esa referencia es relevante para definir las identificaciones culturales y sociopolíticas y su influencia en el comportamiento electoral.

En el primer gráfico expongo la distinta dimensión de los diez segmentos (más el de No sabe / No contesta) según su autoubicación ideológica en el eje Izquierda (1) / Derecha (10).

En el segundo gráfico expongo los tres grandes bloques ideológicos en los que se autoubica casi la totalidad de la población (93,4%), con una pequeña proporción (6,6%) que responde No sabe / No contesta. Es decir, la gran mayoría ciudadana se define claramente en ese eje como identificación político-ideológica: Izquierda (40%), Centro (25,6%), Derecha (27,9%). Las izquierdas constituyen un conglomerado más amplio que el de derechas. Es el típico centro y su diversidad, ambivalencias e inclinaciones hacia un lado u otro, el que ayuda a conformar las mayorías político-ideológicas, su polarización y transversalidad y su traslación al campo político electoral. O bien, intenta imponer su pretensión de prevalencia y centralidad, a uno u otro campo contrapuestos. La identificación de las derechas como centro-derecha es más perentoria para ellas que para las izquierdas llamarse de centro-izquierda, así como para el centrismo (y las derechas) es decisivo achicar el espacio de las izquierdas.

Por otra parte, hay que aludir a otro desglose del CIS en diez corrientes las opciones políticas, con la conveniente oportunidad de poder elegir, de forma complementaria, dos de ellas: conservadora, demócrata cristiana, liberal, progresista, socialdemócrata, socialista, comunista, nacionalista, feminista, ecologista. Se definen en torno al 85% de las personas y, por tanto, las que No saben/No contestan, Otras respuestas y Apolíticas suman en torno al 15% restante.

Podemos asociar las tres primeras a la actitud política de la gente de derechas, las tres segundas a la identificación de las izquierdas tradicionales, el nacionalismo se sobreentiende que es el periférico (el nacionalismo españolista no se percibe a sí mismo como nacionalismo) y las tres últimas son preferencias políticas emergentes de las nuevas izquierdas, incluido la utilización del progresismo como diferenciado de las tradicionales nominaciones de las izquierdas socialistas o comunistas, aunque estas dos últimas identificaciones siguen significando minorías sustantivas en las fuerzas del cambio.

Así, en el libro citado he explicado que la base social de progreso, es decir, de las fuerzas alternativas, es la siguiente: Joven, urbano, de clase trabajadora y estudios medios, y su cultura política: progresista, feminista, ecologista y de izquierdas. Choca con la composición del electorado del Partido Socialista, en el plano sociodemográfico (envejecido y de todos los territorios y niveles poblacionales) y político (socialdemócrata/socialista), con una composición similar por estatus socioeconómico o de clase social y de sexo, aunque caben dos matizaciones.

Sobre lo primero que, aunque no aparezcan en las estadísticas, en el caso del Partido Socialista existe la pertenencia de una minoría imbricada en la cúpula de la burocracia de las administraciones públicas y aparatos estatales así como de grandes empresas, es decir, con el poder institucional y económico; y sobre lo segundo, existe una diferenciación clara de mayor identificación feminista y ecologista del electorado de Unidas Podemos, asociado también a la edad más joven con su nueva socialización cultural y sociopolítica.

En ese sentido, son inadecuadas las interpretaciones que asimilan las bases sociales de Unidas Podemos y sus confluencias al espacio que ha ocupado tradicionalmente Izquierda Unida, y que tienen la función de su deslegitimación como fuerza de futuro al no reconocer sus componentes renovadores. Es un campo cualitativamente diferente al de la tradicional socialdemocracia en sus identificaciones sociopolíticas e ideológicas, al reflejar en las llamadas fuerzas del cambio de progreso la amplia y profunda renovación de sus bases sociales que ha supuesto el proceso progresivo de la protesta social del lustro 2010/2014 y el impulso renovador consecuente (también en el caso de la nueva Izquierda Unida).

Esa actitud renovadora y de firmeza transformadora no tiene que ver con una izquierda radical o extremista, como pretenden algunos dirigentes socialistas y muchos portavoces mediáticos, sino con una reformulación de la democratización (institucional y territorial) y la justicia social, adecuada ante las nuevas desigualdades, con esos cuatro ejes identificadores combinados: feminista, ecologista, progresista y de izquierdas, y cabría añadir democratizador y plurinacional.

Por tanto, es unilateral la identificación exclusiva de este espacio alternativo del cambio de progreso con la izquierda (economicista) y menos con una izquierda extrema o radical; pero también lo es la pretensión de que no tiene nada que ver con las izquierdas, que nace y se forma de cero, a la espera de su relleno por una élite discursiva, cuando es un componente relevante de su identificación múltiple y su experiencia relacional y sociohistórica.

La cuestión es que no hay una palabra que agrupe el sentido político-ideológico y cultural de esa nueva experiencia sociopolítica en este nuevo contexto de la última década, con elementos comunes pero diferenciada de la de otras épocas. Y su identificación no se resuelve bien añadiendo ‘nueva’ a izquierda o a socialdemocracia, así como es una solución falsa renunciar a su calificación ideológico-política y sustituirla con palabras ambiguas y genéricas, o con solo un significado sociodemográfico (como pueblo, gente o ciudadanía).

En definitiva, en términos de autoubicación ideológica o pertenencia colectiva tenemos una identificación múltiple a partir de tres características como se define, prácticamente, toda la población y que están interrelacionadas: una, en el eje ideológico izquierda / derecha; otra, a través de la pertenencia a dos corrientes sociopolíticas, ya que una sería excesivamente rígida y unilateral.

Así,           como   mínimo           habría que      aludir  a          esos     seis      grandes           rasgos político-ideológicos antedichos, con combinaciones variadas. Esa multiplicidad y combinación nos expresa un muestrario más acorde y multilateral con la realidad sociológica, particularmente de las bases sociales de progreso, aunque, por supuesto, más complejo e interactivo, lo que exige un pensamiento realista, abierto y crítico.

La ubicación ideológica de los líderes de las izquierdas

La encuesta del CIS pregunta: ¿Dónde ubicaría a los lideres políticos respecto del eje izquierda (1) / derecha (10). Se definen el 93% de las personas consultadas y solo un 7% elige no sabe / no contesta. Selecciono los tres líderes de la izquierda estatal:

Pedro Sánchez: Su media es el 3,76. Los sectores de izquierda lo sitúan por encima del 4 (aunque ellos mismos se sitúan en el 3,7, es decir en un nivel similar) y los segmentos de derecha por debajo del 3.

Yolanda Díaz: Su media es el 3,33, y en su caso existe una menor oscilación entre gente de izquierdas y de derechas que fluctúa entre el 3 y el 3,6. No obstante, el electorado de UP se sitúa a sí mismo en el 2,9 y el de En Comú Podem más a la izquierda en el 2,4.

Íñigo Errejón: Su media es el 2,98, también con diferencias significativas entre las personas de izquierda, que lo sitúan en torno 3/3,4 y las de derechas que lo ponen entre el 2,2 y el 2,7.

Si nos atenemos a las personas autoubicadas en las izquierdas, sus mayoritarios y potenciales electorados, la valoración de dónde ubicaría en el eje izquierda / derecha a Yolanda Díaz y a Íñigo Errejón es similar, en torno al 3,3, o sea, en el campo de la izquierda transformadora, mientras a Pedro Sánchez esos sectores lo ubican en el 4,2, es decir, en la izquierda moderada.

Las diferencias entre ellos están en la percepción de los sectores de derechas (y centro), con menos probabilidades de que los voten, que curiosamente sitúan a la vicepresidenta y representante de Unidas Podemos en una posición de izquierda transformadora (3,1), mientras que al presidente socialista del Gobierno y el líder de Más País los sitúan algo más a la izquierda, por debajo del 3. A ello no es ajeno, por una parte, la imagen de diálogo social de Yolanda Díaz y, por otra parte, el acoso mediático al que las derechas han sometido a Pedro Sánchez (y una vez salido de la escena institucional, a Pablo Iglesias).

Esta división de opiniones entre la gente de izquierdas y la de derechas propicia en este caso que la líder de Unidas Podemos, comparativamente, esté bien valorada por la población, incluso como candidata para liderar el Gobierno. Pero hay que recordar que lo más decisivo para orientar la dimensión de su electorado es la opinión de su potencial base social. En ese sentido, puede tener un mayor impacto electoral la opinión de la mayoría de sus votantes que sitúan a Pedro Sánchez en esa izquierda moderada y un poco más a la izquierda a Yolanda Díaz e Íñigo Errejón, que comparten un nivel similar, o sea, no hay diferenciación entre ellos en su posición de izquierda transformadora.

Los electorados progresistas según el eje izquierda / derecha

En el tercer gráfico expongo la distribución del voto progresista por ideología en el eje Izquierda (1) / Derecha (10). He seleccionado el voto directo a las tres fuerzas progresistas estatales, que me parece más consolidado, dada la lejanía de unas elecciones generales, que el voto + simpatía, usual para calibrar los pronósticos de voto pero que hoy todavía pueden ser más volubles. Por otra parte, he sumado los datos de Más País y de Més-Compromís que aparecen por separado, considerando que en Unidas Podemos están integrados los de sus confluencias, En Comú Podem y Galicia en Común.

Se pueden agrupar esos segmentos, cuya distinta dimensión he detallado anteriormente, en tres categorías de la izquierda: izquierda radical (1), izquierda transformadora (2 y 3) e izquierda moderada (4). El punto medio es 5,5, así que considero el segmento (5) como centro ideológico, y el resto de los segmentos (de 6 a 10) como las derechas, que no entro a matizar.

Destaco algunos rasgos. La gran mayoría de los electorados progresistas se autoubica en la izquierda, más del 80% en el caso del PSOE y más del 90% en el de UP y MP. Pero hay que resaltar algunas diferencias significativas, bien representadas en el gráfico. Curiosamente, en la izquierda radical (1) tiene mayor representatividad el PSOE que las dos fuerzas del cambio, y donde coge una mayor ventaja es en la izquierda moderada (4), mientras que la izquierda transformadora está más equilibrada, especialmente en el segmento (2) en que se da un sorpasso solo con UP, 36,7% y más con la suma de ambas (40,5%) respecto del PSOE (33,9%).

Dicho de otro modo, el segmento en mayor desventaja representativa, de disputa competitiva y en el que en los últimos años se ha desplazado un sector importante hacia el PSOE desde Unidas Podemos (en torno a dos millones) es el de la izquierda moderada, con más de 20 puntos porcentuales de diferencia. Pero las dos partes tienen significativa representatividad y compiten en los cuatro segmentos de las izquierdas, con una presencia minoritaria en el centro (y más en las derechas), que sería el espacio para incrementar apoyos por todas las partes progresistas, atendiendo a otros componentes transversales.

Por otro lado, la estimación del CIS sobre el voto válido refleja una representatividad muy desigual. El porcentaje del PSOE, 28%, duplica el de UP (y confluencias), 13,7%, y éste multiplica por seis el de MP/Compromís, 2,2%.

Hay que precisar que no existen dos bloques completamente diferenciados por su nivel de radicalidad o moderación (y rigidez o flexibilidad ideológica), tal como han expresado algunos dirigentes socialistas empeñados en adjudicar a las fuerzas del cambio solo una representatividad en la izquierda extrema y minoritaria, dando por supuesto que la izquierda (transformadora y moderada), mayoritaria, la ocupa el propio Partido Socialista.

Otro plano es el de la diferenciación de la gestión y las estrategias políticas entre las dos representaciones. Ahí es evidente la posición más firme y transformadora de las fuerzas del cambio de progreso y la propia Yolanda Díaz, en relación a la actitud del Partido Socialista y su representación gubernamental, más timoratos y ambivalentes respecto de ciertas políticas públicas que no hace falta mencionar, y aunque haya un acuerdo compartido del Gobierno de coalición. Al igual que perciben sus electorados y he comentado antes, esa actitud práctica y no tanto discursiva de la representación de UP y MP se traduce en la percepción de una posición a la izquierda de la de Sánchez y el PSOE, sin que conlleve el estigma de minoritaria e inoperativa sino la positiva valoración de una gestión con firmeza transformadora, con avances sustantivos para las mayorías sociales.

II. AMPLIACIÓN, RENOVACIÓN Y SUPERACIÓN DE LA IZQUIERDA

La palabra izquierda refleja una diversidad de posiciones que hay que valorar según los contextos, combinada con otras identificaciones, y que conlleva una triple dinámica: ampliación, renovación y superación. Tras el análisis de las características de la izquierda social y los distintos líderes y espacios de la izquierda política, explico tres cuestiones que tienen que ver con su ampliación al centro (y frente a la abstención), la dimensión e importancia de su identificación igualitaria, democrática y solidaria y la clave para una refundación alternativa que es su dimensión transformadora.

La ampliación al centro y la transversalidad

Una de las tareas de las izquierdas o fuerzas progresistas es la consolidación y ensanchamiento de sus bases electorales, considerando que hay fuertes tendencias abstencionistas y cierta desafección popular, precisamente por la falta de eficacia transformadora. En particular, trato la actitud hacia el centro social e ideológico, una parte del cual se puede considerar progresista y en disputa con las opciones de centro derecha, aparte de los nacionalismos periféricos.

Hay que distinguir dos aspectos.Uno, el de las estrategias para modificar esa actitud centrista del electorado hacia la izquierda, y otro, el de su simple representación, modificando las políticas transformadoras y los discursos críticos de las fuerzas políticas para hacerse más amables y representativos en ese sector centrista.

Lo normal es una combinación de ambas, sin reducir (o a costa de) su prevalencia de intereses y la representatividad en su propio campo popular y de izquierdas, teniendo en cuenta que hay un relativo estancamiento en la conformación de esos espacios que solo se transforman a través de profundas experiencias sociopolíticas, variaciones de la credibilidad de las distintas representaciones políticas y liderazgos y cambios culturales y materiales de fondo en sus bases sociales. Es lo que se ventila para el próximo ciclo electoral: reafirmación y reequilibrio representativo en las izquierdas y ensanchamiento hacia el centro progresista, hoy minoritario pero significativo para conformar mayorías electorales frente a las derechas. Pero ese campo popular, con componentes comunes y transversales, es plural y hay que precisar sus equilibrios relacionales y programáticos.

La sedimentación de los rasgos ideológicos diferenciadores de esas tres grandes corrientes, izquierdas, centros y derechas, dura más de dos siglos; su composición y significado han cambiado, aunque esa relación comparativa ha permanecido. De forma sintética, en el caso de las izquierdas (europeas), podemos decir que sus señas de identidad están constituidas por los valores igualitarios y democráticos, frente a la subordinación relacional y el autoritarismo conservador, así como por las políticas redistribuidoras, protectoras y reguladoras del mercado junto con la importancia de lo público y lo común, frente a las posiciones insolidarias y mercantilistas.

Tres dinámicas globales han cambiado o superado esa gran tradición de izquierdas democráticas, sin hacer distingos entre opciones socialdemócratas, eurocomunistas o anarquizantes: la relativa renovación temática, expresiva y de discursos, impulsado por los nuevos movimientos sociales (feministas y LGTBI, ecologistas, pacifistas, antirracistas…) desde los años sesenta y setenta, que configuraron la llamada nueva izquierda renovadora; el giro socioliberal, en los años noventa, de la mayoría de la socialdemocracia europea hacia la tercera vía o nuevo centro , junto con el declive del eurocomunismo (y la desaparición del bloque soviético) y la ofensiva neoliberal y globalizadora de las derechas; la respuesta popular progresiva e indignada, a raíz de la crisis socioeconómica y las políticas prepotentes de austeridad de hace una década, con la reconfiguración de las izquierdas y el nuevo espacio alternativo llamado ‘violeta, verde y rojo’, o bien progresismo de izquierdas con un fuerte componente feminista y ecologista y, en España, con gran peso de la necesaria democratización institucional y la articulación de la plurinacionalidad.

Así, más allá de las controversias, a veces estériles y unilaterales, entre dinámicas materialistas o postmaterialistas y entre objetivos de cambio estructural o cultural, la nueva etapa, todavía más con la pandemia, está exigiendo una combinación de los cambios socioeconómicos, político-institucionales y culturales, así como una interacción y articulación de los espacios y sujetos sociales y políticos de nuevo tipo, junto con sus correspondientes referencias simbólicas, teóricas e identificadoras.

La identificación igualitaria, democrática y solidaria

El sentido de pertenencia o autoubicación de izquierdas (y de derechas y de centro), con los cambios a gran escala antedichos, todavía constituye un componente fundamental para la identificación ideológico-política de la población. Se puede y se debe vincular con otros rasgos sociodemográficos y de cultura política, pero las formaciones políticas progresistas o de izquierdas deben contar con ese bagaje de experiencia y cultura sedimentadas esta década que conforma una nueva actitud democrático-igualitaria, en defensa del bienestar social, de lo público y lo común.

El riesgo es caer en la pretensión idealista de considerar la sociedad una página en blanco o completamente fragmentada e individualizada cuyo perfil sociocultural y político-ideológico lo va a construir un liderazgo discursivo con un contenido difuso. Se tienen que superar los significados ambiguos de los discursos respecto de su significado igualitario-emancipador, es decir, reafirmar una nueva identificación progresista, popular o de izquierdas renovadas.

El factor clave es el papel transformador sustantivo de las relaciones desiguales y dominadoras que constituyen, para las mayorías populares, la principal trayectoria vital a revertir. Y esa experiencia popular se conecta con unos valores que no son otros que la igualdad, la libertad y la solidaridad de la tradición de izquierdas, democrática y republicana, convenientemente reinterpretada y renovada. Por tanto, estamos ante un proceso complejo de combinar continuidad, renovación y superación de las prácticas sociales y las identidades colectivas que configuran los nuevos sujetos o espacios transformadores.

En todo caso, hay que diferenciar los dos planos: las tendencias y configuraciones sociales, y las características y nominaciones de las representaciones políticas. La expresión Ni de derechas ni de izquierdas, en el terreno ideológico puede significar solo centrista (con una pequeña minoría que dice ser apolítico o que no se define), pero en el terreno político-electoral puede expresar (como en el 15-M) la oposición al PP y PSOE (al bipartidismo gobernante) por su gestión neoliberal, autoritaria y regresiva de la crisis, y desear un nuevo espacio político, del que emergió Podemos y sus confluencias y la renovación de Izquierda Unida.

El nombre ya no expresaba una referencia político-ideológica (izquierda, socialdemocracia, socialista, progresista, ecologista…) sino de alternativa multidimensional y capacidad transformadora. Su sentido estaba dado por la experiencia y el contexto inmediato relativamente nuevo: era fundamentalmente democratizador, progresivo y de justicia social; es decir, nuevo y, al mismo tiempo, inserto en la tradición igualitaria y democrática de las mejores izquierdas, no de las derechas ni del centro, aunque las señas ideológicas eran todavía parciales y en pugna interpretativa por su significado, su nominación y su representación.

Y llegamos al proyecto anunciado de Frente amplio, con una pertenencia colectiva progresista transformadora y un perfil ideológico de izquierda renovada con componentes transversales con un encaje todavía por determinar. Esas dos palabras reflejan unidad de un conglomerado de fuerzas y aspiración mayoritaria. Su sentido histórico-contextual lo da la experiencia democrática progresiva de esta década sobre la articulación alternativa en España (y otros países del sur europeo) y, salvando las distancias, la referencia política en varios países latinoamericanos.

La dimensión transformadora, clave para una refundación alternativa

Ante las dificultades para levantar una identificación ideológica nueva y aparte de echar mano, más o menos reactiva o utópica, de las identificaciones fragmentarias existentes, se ha solido sustituir el relativo vacío y la diversidad ideológica por menciones a su adscripción sociodemográfica (gente, pueblo…) a efectos de legitimación cívica sin una identificación ideológica fuerte, aunque la autoubicación mayoritaria era y sigue siendo de pertenencia a las izquierdas, aun en una densidad débil y con mezclas diversas de su identidad múltiple.

Esa desideologización o eclecticismo tiene su parte positiva, al adaptarse de forma pragmática y multilateral a la realidad, pero también su inconveniente de posibilismo adaptativo y disperso, al infravalorar un proyecto común, una articulación solidaria y una estrategia compartida, sustituidos, a veces, por un hiperliderazgo y un activismo discursivo. Sin avanzar en ese ámbito de perfil ideológico o proyecto estratégico de país, lo que queda es el utilitarismo inmediatista o la pelea por el ventajismo organizacional, que hay que superar por una dinámica progresiva, igualitaria-emancipadora e integradora, y un modelo social y democrático avanzado, lo que supone renovación y superación de lo existente.

La diferenciación de cultura política o identificación ideológica tiene su correspondencia con las tres grandes tendencias sociopolíticas: involución regresiva, reaccionaria y autoritaria en el caso de las derechas; continuismo centrista o socioliberal en gran parte del consenso europeo liberal-conservador-socialdemócrata, y de progreso o transformador, con el refuerzo de una estrategia democrática y de justicia social. El actual gobierno de coalición en España es un punto intermedio, con un consenso mínimo, entre las dos últimas y ante la amenaza de la primera. Junto con sus alianzas con el nacionalismo periférico tiene la tarea de ganar las elecciones generales e impulsar una siguiente legislatura de transformación progresista y democrática.

El eje articulador de las tendencias sociopolíticas de fondo, asociadas a esas tres grandes opciones ideológicas, es el alcance transformador de las políticas públicas y su orientación progresiva (o regresiva). Por tanto, el sentido real y sustantivo de los cambios político-institucionales se vincula a cómo se afrontan los problemas y las demandas persistentes de las mayorías ciudadanas, principalmente las condiciones vitales y sociolaborales de la ciudadanía, articuladas en un proyecto reformador democrático-igualitario de país. Problemas que el propio CIS también señala y cuya interpretación y conversión en políticas públicas y legitimación de actores están sometidas a fuerte pugna por su legitimación y gestión.

Su desarrollo dependerá del reequilibrio de fuerzas en el próximo gobierno progresista de coalición y el nivel de activación cívica y popular para empujar en ese proceso transformador. Es la perspectiva para la triple dinámica: reafirmación, renovación y superación de las izquierdas y avanzar en un cambio de progreso.

 

[Antonio  Antón es        autor  del       libro    Perspectivas   del       cambio progresista]

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1 /

2022

La barbarie está inscrita en el concepto mismo de la cultura: como concepto de un patrimonio de valores que es considerado independiente no del proceso de producción en que los valores nacieron, sino de aquel en que perduran. De este modo, por bárbaro que pueda ser, sirven para la apoteosis de este último.

Walter Benjamin (1892-1940)

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