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El Lobo Feroz

Sin exagerar

Las buenas intenciones de este Lobo para aportar una mínima gota de ironía a los lectores de mientras tanto se van a ver frustradas este mes. Porque ¿qué motivos tenemos para sonreír? ¿Los inmigrantes ahogados en el mar? ¿La incapacidad europea para que el recibo de la luz no sea un disparate? ¿Las amenazas de la Otan a Rusia, como si Rusia estuviera en condiciones de ser una amenaza para alguien? ¿Los posicionamientos de la Unión Europea, con Borrell al frente, reencarnando a Solana, belicosos contra Rusia y contra China? ¿El apoyo de la mayoría del partido republicasno americano a Trump y al trumpismo? ¿La España de charanga y pandereta que se empeña en representar el partido Partido Popular? ¿El ascenso de Vox entre los descerebrados y entre los cabreados? ¿La casi total defunción del verdadero periodismo en este país? ¿Los partidos de fútbol a dos o tres por semana?

Hablando de deportes: las ligerezas en Australia de un especialista en pasar una bolita por encima de una red, Djokovic, habilidad que le ha convertido en un ídolo de masas, no son precisamente ejemplares. ¿Por qué un tenista es un ídolo de masas? Pues porque un partido de tenis deja mucho tiempo para la publicidad, y el tenis hipnotiza a la gente. Tampoco son ejemplares —aunque creo que esto ya lo dije en otra ocasión— los besos y abrazos que se dan los futbolistas tras los goles. Lo diré muy claro: los abrazos son muy peligrosos por la cosa de la pandemia (así se sabotea, con el mal ejemplo, la política inmunitaria), pero los besos, por otra parte, son demasiado castos. Los héroes del césped y destinatarios de las oraciones de sus fans deberían dar ejemplo: observar las distancias sanitarias en los campos de juego y salir del armario los que tengan que salir. Sin eso vamos a pensar que no se merecen la gracia divina expresada en sus sueldos; no se cortan por agradecerla públicamente durante los partidos.

De todos modos, sí, tenemos algo de qué sonreír: el conservador británico Boris Johnson es tan borde que da fiestas en el jardín de su casa mientras las prohíbe a todo el mundo. Parece un político del PP. Luego dirán que los británicos y los españoles somos muy diferentes. La incoherencia de los amigos del PP es extraordinaria: recurren a los tribunales por cualquier cosa, pero protestan cuando los tribunales les examinan a ellos. Encima avisan de que vuelve el espíritu de Aznar: el tipo que predicó las armas de destrucción masiva de Sadam Husein, el que metió en Iraq al ejército de este país, el que decía que los atentados de los trenes eran cosa de Eta.

Pero desconfía, amigo lector. Las mentiras de la derecha, machacadas una y otra vez, se convierten en verdades para muchos. De la izquierda no sabemos, porque no miente. Ni siquiera exagera.

24 /

1 /

2022

La barbarie está inscrita en el concepto mismo de la cultura: como concepto de un patrimonio de valores que es considerado independiente no del proceso de producción en que los valores nacieron, sino de aquel en que perduran. De este modo, por bárbaro que pueda ser, sirven para la apoteosis de este último.

Walter Benjamin (1892-1940)

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