La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Michael J. Sandel
La tiranía del mérito
Debate,
Barcelona,
2020,
368 págs.
A. R. A.
Este profesor de Ciencia Política de Harvard aborda una de las cuestiones cruciales de las sociedades modernas. Cómo la sociedad americana ha evolucionado hacia un modelo competitivo que legitima el papel de las élites tecnocráticas e intelectuales en detrimento del resto. No es un análisis exhaustivo. Por ejemplo, no entra en la parte que ha tenido en todo ello la ideología económica del capital humano. Ni entra a discutir la propia fiabilidad de las medidas de inteligencia y productividad que legitiman este “premio a los eficientes”. E ignora el papel que puede haber tenido el deporte de masas en la fijación de pulsiones competitivas. Pero, tras citar cuestiones que estimo importantes, creo totalmente recomendable su lectura y debate. Pues afecta a una de las cuestiones cruciales que, junto con el género o la nacionalidad (y, por supuesto, las normas de la propiedad) configuran el marco de las desigualdades crecientes. Buen ejercicio de debate político desmontando los argumentos de teóricos respetados como Rawls. Y muy interesante el análisis de las políticas universitarias. Aunque el contexto aquí es distinto, es fácil trasponer su análisis a nuestra realidad.
30 /
8 /
2021