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Ni putas ni sumisas

Cátedra,

Madrid,

182 págs.

Antonio Madrid

Este libro expone las opresiones a las que están sometidas las mujeres francesas en las barriadas populares y la lucha organizada frente a esta realidad. «Ni putas ni sumisas» es el lema de un movimiento social: ni somos putas por elegir cómo vestimos, con quién vamos ni con quién nos acostamos, ni somos sumisas ante los varones que tratan de someternos. Fadela Amara denuncia el empeoramiento de las condiciones de vida de las mujeres.

Este libro tiene dos objetivos básicos: 1) dar a conocer la violencia ejercida sobre las mujeres, especialmente en los medios populares y 2) intervenir en el debate público sobre la violencia sexista, la violencia conyugal, la discriminación de la mujer y la necesidad de apostar por los valores laicos frente a las imposiciones confesionales.

No es un libro complaciente. Plantea debate y escoge opciones. Avala la prohibición del uso del velo en las escuelas. Denuncia la transformación de las barriadas en guetos. Habla de la vida cotidiana de las mujeres: del control sobre su vestimenta, su cuerpo, su tiempo sobre su presente y sobre su futuro. Asume las limitaciones de un feminismo que —según la autora— en los últimos años ha librado batallas casi «reservadas» a las clases medias y altas «y se han olvidado de las mujeres de los medios populares».

La narración es fresca, ágil y clara. No se enzarza en discusiones académicas estériles. Habla desde la calle y las organizaciones sin perder rigor en su exposición. Es repetitiva en algunas cuestiones, pero esto no desmerece el resultado final. Lectura muy recomendable.

12 /

2004

La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.

Manuel Sacristán Luzón
M.A.R.X, p. 59

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