La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
El vano ayer
Seix Barral,
Barcelona,
Albert Recio Andreu
Ahora que se ha abierto la veda sobre el pasado del país y muchos están descubriendo que también aquí hubo desaparecidos, fosas comunes y trabajos forzados, la «novela en construcción» de Isaac Rosa aporta una visión necesaria del tema. No es un texto en el que se entra fácil, una historia que «enganche» estilo best-seller. Es pretendidamente una reflexión sobre la forma de novelar el pasado, sobre los trucos literarios que quitan al lector o lectora la capacidad de pensar. Es sin duda también un trabajo pensado para demoler las visiones románticas, sentimentaloides del tipo de la exitosa serie Cuéntame. Es precisamente lo contrario, mostrar que más allá de la superficie, el régimen se constituyó a partir de su poder represivo, un poder que no sólo quebrantó resistencias y vidas humanas, también arrasó conciencias y raciocinio. Un vano ayer que explica un hoy vacío. Totalmente recomendable.
11 /
2004