La diferencia fundamental [de la cultura obrera] con la cultura de los intelectuales que tan odiosa me resultaba es el principio de modestia. El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto porque, se podría decir, reconoce que existe la muerte, como la reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muere. El intelectual es una especie de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse, es un tipo que no se ha enterado que uno muere, e intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar… esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto ideal de su pertenencia a la clase dominante.
Trabajadores precarios. El proletariado del siglo XXI
Ediciones HOAC,
Madrid,
267 págs.
Antonio Madrid
La precarización del trabajo asalariado y, en consecuencia, la precarización de los trabajadores es galopante. Este libro reúne doce artículos de autores diferentes que ofrecen materiales y perspectivas para comprender esta forma de explotación que es la precariedad. El acierto del coordinador al seleccionar los textos es mayúsculo. Son artículos claros, interesantes y documentados.
Dados estos aciertos, este libro puede resultar muy útil para introducir a los más jóvenes en la reflexión sobre la realidad multiforme de la precariedad: historias de vida de trabajadores precarios, películas al respecto, la nueva organización de la producción en una fábrica de Renault, los siniestros laborales, la creación de plataformas contra la precariedad, la dificultad actual de establecer lazos solidarios entre los trabajadores, la desesperanza. Lectura muy recomendable.
10 /
2004